Lo inevitable no se puede evitar

El de hoy no ha sido un partido cualquiera. En una semana llena de emotivos homenajes a un grande del fútbol español que hizo mundial su éxito encaraba un partido complicado.
Recibíamos en casa, en Majori, al Aloña Mendi de Oñati. Segundo clasificado, un punto por delante en la tabla y con un resultado desfavorable de 28 26 en la ida.
Pocas cosas hay mejores que reunirse en grupo, en equipo justo antes de un partido y soltar tensión. Se ha visto nada más llegar al vestuario. Concentración, atención, motivación.
No escribo hoy sobre balonmano para hablar del partido que hemos sacado hoy adelante como grupo, como equipo. No hablo para comentar las magníficas jugadas del final del partido que nos han hecho levantar un partido y marcador adverso. Escribo por que me apetece abrirme, contar el sentimiento amargo que me ha recorrido hoy en el calentamiento.
No he podido dejar de pensar en que el pasado domingo, sobre las 16.00 de la tarde, saltó al campo de Berillo un chaval como yo. Un chaval de 26 años, natural de Ormaiztegi, a no más de 15 minutos de donde vivo y 5 de donde juego. Un chaval afable, cariñoso, majo. De estos que dices, “buena gente”. Aquel chaval posiblemente se despidió de su novia con un beso fugaz después de comer. Quizá ni siquiera habló con sus padres aquel dia. Posiblemente dejara un vago “geroarte” antes de cerrar la puerta de casa maleta al hombro. Aquel chaval, no volvió.
Urtzi Gurrtxaga era el capitán del Tolosa, un equipo de regional, lejos de la élite, lejos de las cámaras. Urtzi era un tío sano, con sus juergas puntuales, con sus risas y sus días malos. Era uno más en este mundo que gira, pero el domingo algo dentro de él dijo “hasta aquí”. Hoy por la mañana, a 40 kilómetros de donde aquel chaval perdió la vida, y dejó marcada la de sus familiares y amigos, mientras calentaba pensaba en qué me diferenciaba de él, y se me han revuelto las tripas con la respuesta. Me he acordado de que por la mañana casi no me he despedido de mis padres, que no le había dado un último beso a mi novia, que ni siquiera le he dicho adiós a mi hermana… No hay nada que nos separe de salir un día de casa y no volver, pero si hay cosas que puedes hacer para que los de tu entorno sepan lo que tu sientes. Hay que vivir cada minuto cómo si no fueras a agotarlo. Cada día como si no pusieses si vas a ver su fin. Yo no conocía a Urtzi, pero el era solo uno más, uno más de todos nosotros, todos los que disfrutamos de un deporte los fines de semana, todos los que cogemos coches, trenes o autobuses para ir a clase, a trabajar. Dentro de todos llevamos un pequeño Urtzi

Sed buenos, o parecedlo

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Publicado el 9 febrero 2014 en La vida es algo más. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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