Cara, cruz o canto

Old Trafford se conoce entre otros muchos nombres como el “Teatro de los Sueños”, y los sueños para la Real el pasado miércoles terminaron casi antes incluso de empezar. Fue emotivo sin duda, ver como ante la lluvia de 6000 flashes que salían del fondo que defendió Claudio Bravo en la primera mitad, salían al cesped los 11 jugadores txuri urdines, esta vez desde una esquina, desde un corner y no desde el centro como acostumbra a suceder.

Posaron todos, sacando pecho mientras la cámara recorría los 27 protagonistas con el escudo de la Real en el pecho, representando un pueblo, representando un sentimiento. La música dejó de sonar, los cánticos realistas atronaban en la inmensidad y majestuosidad de Old Trafford y aún el balón no había rodado. Y quizá hubiera sido mejor así. Porque todo se apagó en el minuto 1. Todos los flashes, los focos que alumbraban el campo, el brillo especial de ese capitán orgulloso de su equipo, de llevar esos colores en el estadio que desde el comienzo él había querido visitar, se apagó al minuto 1 cuando de forma consecutiva una pérdida de balón de Vela, una permisividad excesiva de la defensa realista y el mal fario de Iñigo Martinez al intentar despejar un balón, se unieron para apagar todo de golpe.

Un gol en contra en el minuto 1 en Old Trafford, y encima había sido uno de los nuestros. El cuento no podía empezar peor. Ni el más cruel de los guionistas hubiera podido pensar, imaginar, soñar con un comienzo así. La cara de los protagonistas lo decía todo. El silencio que envolvía mi salón se podía casi oir. Envuelto en mi bufanda, con mi camiseta del balón bordado puesta no podía creer lo que veía y sin embargo, todo tenía lógica.

Los 3 partidos que ha jugado la Real en esta categoría han tenido sin lugar a duda un nexo de unión, una correlación entre ellos, y no es otra cosa que la falta de intensidad con la que el equipo ha disputado los primeros quince minutos. Y es que después de ese gol no vino una respuesta agresiva de la Real, ni mucho menos. Siguieron los minutos de nerviosismo e incertidumbre clásicos del primer cuarto de hora de los partidos de Champions. Y no fue hasta después de sacudirse un poco esa presión cuando los jugadores comenzaron a darse cuenta de que aquello no era más que otro partido de fútbol, y comenzaron a combinar. Y entonces llegaron las jugadas de toque, de calidad, incluso de levantar “oh!!”-s en la grada. Charly hizo un par de las suyas, Antoine mandaba al palo una falta ejecutada con mimo y calidad y la Real llegaba al descanso pidiendo 10 de prolongación, porque sus mejores minutos estaban sucediendo en los últimos del encuentro.

Tras el descanso las cosas no fueron tan fáciles. La Real se volcó algo más en ataque y el ManU aprovechó sus oportunidades en ataque. Los espacios que se crearon a las espaldas de los defensores de la Real fueron muy bien utilizados por los Red Devils que supieron sacar máximo partido a las contras y pusieron en aprietos a los realistas en demasiadas ocasiones. Si bien el resultado final reflejó un justo 1-0, las leyes del fútbol no se rigen por la sensatez y la Real pudo marcar hasta en dos ocasiones (la falta de Antoine y un centro-chut que se estrelló en la cruceta de De la Bella) pero el ManU también pudo hacer más goles a la contra. Sea como fuere, la Real todavía no ha estrenado su casillero de puntos en esta Champions y los más de 6000 realzales desplazados hasta Manchester se volvieron de vacío, con una gran esperanza a sus espaldas, pero de vacío. Ni siquiera el saludo final de casi todos los jugadores al fondo de los realistas fue suficiente para ellos.

Y es que ahí radica parte de la polémica de esta semana que cerró su círculo, o eso espero, este pasado domingo en Anoeta. La Real se enfrentaba al colista, y personalmente, aunque en una compañía inmejorable por primera que no última vez a mi lado en el estadio, llegaba al feudo txuri urdin con el nerviosismo clásico que la Real transmite en citas como estas. La Real tiene una capacidad histórica de revivir muertos y la oportunidad del domingo se mostraba más clara que nunca. Arrasate alineó un once lógico y de garantías, dando descanso más que merecido a De la Bella que está pletórico esta temporada también e introduciendo a Jose Angel y Pardo además del Chori Castro en lugar del mencionado lateral catalán, un Zurutuza al que se vio algo justo en Old Trafford y un Vela que protagonizó la polémica de la semana.

El mexicano podía haber elegido mejor momento y forma para mostrar su interés en salir de la Real a un bajo precio. La verdad, la víspera de un partido histórico como el que los realistas disfrutaron en Manchester no parece la mejor de las fechas para dar una entrevista con una bomba así. Y ni siquiera el 3-0 que ya campeaba en el tanteador cuando el azteca pisó el 105×69 de Anoeta sirvió para acallar los pitos que se pudieron oir desde la grada.

Lo más destacable de un encuentro en el que el Almería plantó cara 11 minutos, los minutos que transcurrieron entre el pitido inicial y un sauqe de banda del Chori que peinó Xabi dentro del área andaluza para que Griezmann saltara por encima de Rafita para colocar el balón en las mallas. El Almería no inquietó el arco de Bravo salvo en el gol anulado porque el balón hizo un arco demasiado extenso en un corner ejecutado apenas 3 minutos más tarde que el gol realista. Los de Arrasate fueron superiores a un rival que pese a no jugar mal no creo peligro. Se notó que los almerienses fueron demasiado planos en un campo que pese a quien le pese es duro hoy en día, y frente a un equipo que si le das facilidades te va a acabar matando.

La segunda parte sirvió para ratificar que para llevarse el partido la Real necesitaba asegurar un segundo gol, y este no tardó en llegar. Otra vez más, Antoine, y otra vez más, de cabeza, el galo ejecutó de manera magistral un centro de Jose Angel desde la izquierda que fue de más a menos durante todo el partido. 2-0, la tranquilidad en la grada y tiempo para la fiesta. Fiesta a la que se sumó el lateral asturiano, estrenándose en Liga con la Real como goleador, dejando su sello de calidad, que la tiene y que no la muestra en demasía. Un zurdazo potente al segundo palo después de un buen recorte a su par selló el 3-0 que firmó el marcador donostiarra al final del encuentro. La entrada de Seferovic al campo produjo algún que otro pito por parte de la inchada que parece que reprocha al “italiano” sus salidas nocturnas, y fue más clarividente al salir Vela en lugar de Chori. Vela, al que se ve mejorado en peso (de manera irónica) y con pocas ganas de trabajar en defensa, no mostró en los minutos que tuvo una mejoría de juego, y tendrá que esperar a este miércoles en Valladolid, fuera de Anoeta y quizá con menos presión ambiental para poder ganarse otra vez ese cariño de una grada que desde que llegó, no ha dejado de corear su nombre.

Es verdad que hace tiempo escribí unas líneas (unas cuantas de hecho) sobre una famosa salida nocturna en Madrid después de una derrota por 5-1 ante el club de chamartín. No volveré a esa senda porque el año pasado ya se demostró que toda la parafernalia de salidas nocturnas, copas o falta de ganas de entrenamiento durante la semana no aparece si los resultados son buenos. En el momento en el que el equipo flaquea es cuando toda esa “basura” aparece en noticiarios y programas de radio o televisiones y que hace que la grada la tome con gente que seguramente de otro modo, no la tomaría. Es fácil señalar a unos, y no digo que sea injusto. Jamás, repito, jamás he pitado a un jugador de la Real, ni siquiera al equipo, y no será esta vez cuando lo haga. Apoyé a Antoine hace un par de años cuando quiso irse al Atletico. Apoyé a Darko en su famosa portada de Marca con la camiseta del Madrid, y lo haré ahora con Vela, por un sencillo motivo. Lleva mi escudo en el pecho, y mientras pelee por esos colores, merece mi respeto. Sera Jagoba el que decida si está o no para jugar. Si merece o no un castigo, y como confío en el entrenador que tenemos, confío en que toma las mejores decisiones para el equipo.

El año pasado a estas alturas teníamos 10 puntos, una sola competición en juego y estábamos penultimos. Afrontábamos un match ball en Málaga con Montanier pendiente de un hilo, y acabamos jugando Champions. No tiene que ser ni de largo el mismo final, pero confío en que la Real sabrá gestionar sus momentos y sus jugadores con cabeza. De momento, solo hay una cosa que me preocupa: Valladolid, miércoles, 20.00. Ahí se verá una vez más el potencial de este equipo, pero sin olvidar que esto es fútbol, que el sábado hay otro partido, y que en este deporte la moneda siempre puede caer de cara, cruz o canto.

Sed buenos, o parecedlo

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Publicado el 28 octubre 2013 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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