Illarra no es “italiano”

Podia ser histórico.

Con esa sensación partí, pronto, quizá demasiado para lo que la noche del sábado me hubiera permitido hacía Donosti. Allí, la primera parada del largo Tour que tenía por delante en los siguientes cuatro días. Más de 200 kilómetros después y ya con el equipaje completo, Arcachon.

La duna de pila, un pequeño desierto en mitad del bosque, un paraje inigualable junto con una compañía aun mejor, daban paso a la llegada al hotel número 1 del tour. Correcto, sin lujos si atrevimientos, una siesta de por medio y un paseo al atardecer por un malecón más típico de playa americana que de lo que estamos acostumbrados por aquí, y una enriquecedora cena antes de volver a la cama.

El lunes fue el día más tranquilo de los 4, sin kilometraje de por medio, un poco de playa, otra buena comida, una siesta decente para otro paseo, esta vez acercándonos al puerto de Arcachon a admirar y envidiar los barquitos que más de uno tiene allí atracado. La cena, desprovista de cualquier lujo pero sin escatimar en calidad solo resultó el preludio de lo que el martes nos esperaba.

Con esas, el segundo día de la semana amaneció pronto, a eso de las 8 de la mañana ya en danza, una ducha y un desayuno más que suficiente para afrontar los más de 600 kilómetros que teníamos por delante. El objetivo, Lyon.

A eso de las 10.00 de la mañana y con los respectivos padres de familia en el asiento delantero, “no había vuelta atrás”. Por delante, muchos kilómetros llenos de ilusión, palabras de fútbol, ideas y sueños de un resultado, de un partido, de un momento quizá histórico… de un deseo por encima de todo.

Tan solo 4 días antes, el sábado, la Real había debutado en Anoeta. Y no solo la Real, junto con el equipo, 2 personas, 2 individualidades sobre el campo. El primero, el importante, la cabeza del grupo, el más atacado durante el verano, puso en liza un equipo ambicioso, dejando entrever que las cosas no iban a cambiar mucho desde el banco, que el juego iba a ser el mismo. La presencia, demasiado para mi, de traje. Lejos del estilismo del polo ceñido y el pantalón vaquero, Jagoba Arrasate escogió para su debut en Anoeta vestir traje, en mi opinión, lejos del estilismo recomendable para alguien que como diría la sabiduría y la belleza que me rodea, es más bien “chaparrito”.

Jacoba demostró carácter, ganas, genio y sobre todo saber leer tan bien o mejor que su predecesor el partido. Demostró no ser un entrenador de Tercera como decían algunos, demostró estar a la altura, arropado desde luego por su segundo, Txema Lumbreras y el hombre del club en este caso,  Bittor Alkiza.

El equipo salió como acostumbraba a final de temporada, toque, juego, movilidad y arriba, dinamita. Carlos Vela, Chori Castro, David Zurutuza y en cuarto lugar el otro hombre a tratar, cambiaron en ataque constantemente sus posiciones volviendo locos a los centrales de un Getafe que dará muchos sustos este año, pero que no inquietó en absoluto al equipo donostiarra. Los de Jagoba, salieron contundentes, marcando el tempo del partido tras un cuarto de hora de tanteo donde se notó el comienzo de Liga, pero sin pasar ningún apuro en la zaga en la que Ansotegui cubría la plaza ya habitual de Mikel Gonzalez. El primer gol, una obra de arte del mexicano Vela. El segundo, uno del “italiano” Haris Seferovic.

Y es que si algo tuvo el estreno en Anoeta, fue el inconfundible sonido trasero del que tanto he hablado en este blog. 1:30 había transcurrido desde el comienzo del partido cuando el “calvo cabrón” dejó su primera puntilla quejándose de que Zuru estuviera jugando en el puesto de Sabih, acompañando con la coletilla de turno de “yo no entiendo nada”. Una vez más, mi hábil compañía en el fútbol estuvo rápido como acostumbra acotando que era la única verdad que le había oido nunca, que no entendía nada.

Con el transcurrir de los minutos algo quedó claro en Anoeta. Nada había cambiado respecto al año anterior. Solo unas pocas camisetas en la grada, con un balón bordado en la manga derecha eran las novedades ya que salvo el nombre de Haris Seferovic en el verde, nadie echó de menos ni siquiera a Illarra. El equipo funcionó, carburó y jugó como en los mejores partidos del de Mutriku de quien se acordaron y mucho en Lyon. Haris, se hizo con la afición al clavar una segunda picadita, más difícil aun que la de Vela en la segunda mitad, zanjando el asunto con un 2-0, mientras calentaba “El Pirata” según el C.C., que no daba opción a la duda. La Real, sigue siendo la Real.

Con el recuerdo del sábado llegábamos a Lyon, a eso de las 17.00 de la tarde tras parar a comer y viajar con tranquilidad, una visita a la habitación, aseo y paseo para estirar las piernas antes de un partido para la historia. El primer partido europeo a domicilio para los 4 dio comienzo a eso de las 19.15 al llegar al estadio. Cámara en mano, enfundados cada uno en su camiseta, unos luciendo la espalda vacía, otros mitos y realidades como Sabih Prieto o Mikel Aramburu sobre la zamarra accedimos con tranquilidad a un estadio que desde fuera ya rugía al sonido de los aficionados txuri urdines que poco a poco iban poblando las gradas del estadio de Gerland. A eso de las 20.00 y ya con el sitio cogido, era la hora de valorar y disfrutar de lo que estábamos viviendo. Las clásicas fotografías para inmortalizar tal momento, así como el disfrute de un calentamiento del equipo con un sin cesar de ánimos, vítores y gritos desde la grada sur del estadio de Lyon donde unos 3500 aficionados ya vibraban con el equipo antes de que el balón comenzara a rodar.

Por los altavoces se comenzó a animar al equipo local y en el trámite de minutos entre que los jugadores entran a vestirse y salen otra vez al campo, la megafonía atronó con 19 nombres realistas. Bravo, Carlos Martinez, Cadamuro, Iñigo Martinez, De la Bella, Markel, Zurutuza, Xabi Prieto, Griezmann, Carlos Vela y Seferovic, no necesariamente en ese orden fueron los primeros vitoreados. Después llegarían Zubikarai, Ansotegui, Granero, Elustondo, Pardo, Ros y Chori, justo antes de Jagoba Arrasate. Ya casi sin voz, los protagonistas saltaban al campo, de la mano de los niños, portando ya los clásicos banderines a intercambiar entre los capitanes y bajo la melodía soñada, tarareada y gritada en su final por todos los realistas allí presentes. La carne de gallina, el corazón en un puño y la lagrimilla que deslizaba sobre la mejilla por la emoción del momento, justo antes de que el colegiado serbio, indicara que la fiesta empezaba.

Y a partir de ahí, todo fue mucho más fácil de lo que presagiábamos todos en las inmediaciones del estadio. La Real prácticamente no sufrió en todo el encuentro. El peligro, llegó de manos de los que el martes vestían de negro, presagiando así el futuro del Olimpique de Lyon. El disparo de Vela al palo solo fue el preludio de la obra de arte que firmaria Antoine Griezmann, el chaval de Macon, aquel a quien el Lyon descartó por su corta estatura, aquel que deslumbró en la pretemporada de la 2009-2010, aquel que cogió el 7 de la Real y no lo ha soltado, aquel que un martes, día 20 de Agosto de 2013, coló sobre el estadio de Gerland en el minuto 17 para poner en el marcador el 0-1 con uno de los goles más espectaculares que haya vivido ninguna edición de la UEFA Champions League.

Y es que el de Macon se tomó la venganza por su cuenta al clavar el primero, pero no paró de incordiar a la defensa francesa, empeñada en ponerle las cosas complicadas, y sin acordarse de que gente como Xabi o Vela jugaban a la vez que él. Así el ataque realista no paró de ser una pesadilla en la noche Lionesa que no paraba de ver como los de negro se metían por cualquier rincón que dejaban abierto.

Tras el bocadillo de rigor y los ánimos entre aficionados, la consigna era clara. Hay que aguantar 20 minutos y reforzar el centro del campo, contener el 0 en el marcador y salir a la contra, a ver que sale. Estábamos preparados para sufrir, estábamos preparados para ver a la Real pasarlo mal, a Bravo actuar, a los locales gritar y aplaudir, pero para lo que no estábamos preparados era para lo que ocurrió en el minuto 50. Un balón tocado a trompicones entre Zuru, Xabi y Seferovic acaba cayendo al “italiano” que la deja votar tres veces, y engancha una voléa desde 30 metros que se cuela lo más cerca posible de la escuadra de Lopes que atónito, intenta una estirada fallida. La jugada, el gol, en nuestra portería, y aquello fue el acabose. La gente gritaba, se abrazaba, no se conocían de nada y poco menos que se besaban en los morros mientras Haris “Haritz” Seferovic brindaba a la grada el segundo gol, en dos partidos con la elástica realista.

Poco sufrimiento para ser un partido de Champions y fuera de casa fue el que pasó el conjunto txuri urdin. De los 50 hasta los 90, solo un susto de los franceses en un remate al larguero, el debut del “Pirata” con la txuri urdin, buenos minutos de Chori Castro y unos muy buenos movimientos de Ruben Pardo que a punto estuvo de dar el de la puntilla después de una jugada individual de quitarse el sombrero. Los 90 se cumplieron, pasaron los 3 de prolongación y el grito de júbilo se fusionó con el silbato del árbitro. Abrazos, más abrazos y gritos de ánimo a una plantilla que se acercó al fondo a saludar a los aficionados, a entregar algunos sus camisetas, las de una noche histórica, la de una noche inolvidable en el estadio de Gerland.

Camino al hotel de vuelta, una vez la afición ultra se dispersó y la salida del estadio era segura, fue casi sin tocar el suelo. La gente de la Real flotaba sobre el suelo, no andaba, se deslizaba. Solo se oía gente comentando las jugadas, los goles, el delantero que hemos fichado, el entrenador que hemos subido, el juego del equipo, como presiona Markel, como juega Pardo, que huevos le pone Carlos, como sube De la Bella… todo elogios y buenos comentarios sobre un equipo que el año pasado en Noviembre no lo podían aguantar.

Así se escribió una noche distinta, una noche para la historia, una noche de esas para poder decir “yo estuve allí”. Una noche cuyos recuerdos perduraron los 800 kilómetros de vuelta de ayer miércoles, las casi 48 horas que han pasado desde la gesta. Durarán hasta el miércoles de la semana que viene donde se tendrá que cerrar un círculo que se abrió el martes en Gerland.

Así se escribió una noche que nadie olvidará jamás, y el sonido que se escuchó al final del partido tuvo para todos. Tuvo para el nuevo fichaje al ritmo y tono que dejó Illarra en la Real con el “Haris Seferovic lorolololololololo”, hubo quien ya hacía vasco el nombre del delantero “italiano”, hubo para el equipo, para los héroes como Antoine, hubo para Jagoba, hubo para los franceses que “no son leones, son maricones” y hubo también para el gran ausente en la fiesta, hubo para el que dejó la casa para ir a triunfar a la capital, donde no ha encontrado aun su sitio Al ritmo de “tu te lo pierdes, Illarra tu te lo pierdes” sin faltar al respeto, con educación, pero dejando claro que no somos nosotros los perjudicados ni los que van a dejar de soñar en un futuro con estrellas, en noches de gloria en Europa, también hubo para Illarra, porque Illarra, no es “italiano”.

 

Sed buenos, o parecedlo

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Publicado el 22 agosto 2013 en Real, Siempre subjetivo. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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