Yo estaba en Dublín, ¿y tú?

Estaba siendo sin duda una de las semanas más mágicas de los últimos años. Nada más de lo que tenía podía pedir, a mi lado, la mujer de mi vida, sobre mi, el cielo dublínes en 3 dias seguidos de un tiempo caribeño, y por delante 11 dias de ensueño que una huelga, muy oportuna de los controladores aéreos franceses, convirtieron en 16.
Por la mañana, había cumplido mi objetivo de trabajo y a mediodía pusimos rumbo a Howth, un pueblo del noreste irlandés, costero, a por la clásica ración de fish&chips sin la cual nadie que venga a las islas debe perderse. A eso de las 5, las 6 en España, pusimos rumbo a casa en el dia decisivo, antes de 90 minutos que iban a cambiar la historia realista, antes de vivir mi primer partido con una camiseta de la Real, desde una humilde casa de un barrio cualquiera de Dublín, pasó junto con alguien que aún pondría más énfasis que yo en el partido.
Cuatro nos daba la oportunidad de un streaming en directo mientras que Cope.es la opción de seguir los partidos de forma simultánea. El sumum hubiera sido si hubiésemos conseguido sincronizar ambas vías de comunicación. Demasiado pedir.
Ante nosotros la opción de ir en sonido, por delante o por detrás de la imagen, y ante esta duda, no la hay, siempre por detrás. 8 partidos de manera simultánea, 8 estadios donde se jugaba casi todo, donde se luchaba hasta la extenuación por un objetivo, ya fuera la gloria o la sencillez de la estancia en la primera división.
Apenas llevaban transcurridos 10 minutos cuando la voz de Oliva atronó mi movil cantando el golazo de Banega en Sevilla, 0 1 para los valencianos, y la Champions más lejos, de hecho, lo más lejos que estuvo en los minutos que precedieron a las 23.00 de la noche en España, las 22.00 en mi pequeño paraíso. Mientras en las gradas de Riazor se coreaba “Gol del Valencia, Gol del Valencia” para desanimar a los realistas, llegaba la jugada que despertaria la ilusión en mi y a mi lado. Una jugada aislada a la vez que elaborada donde la Real encontró el primer hueco para clavar el primero en manos de Antoine Griezmann que mandaba al fondo de la red de la puerta de Dani Aranzubia un balón lleno de ilusión y empujado por miles de seguidores realistas.
No habíamos hecho nada, pero el abrazo fue de los que se sienten. Hacia dos años que el Deportivo se jugaba ante el Valencia, vestido de naranja el bajar a Segunda, y como la anterior vez, los gallegos dependían de si mismos. No podían pensar los coruñeses que con aquel gol se iban a vengar a su manera de los valencianos.
Con la vista puesta en una pantalla de ordenador y el oído en el altavoz de un movil que saltaba de campo en campo buscando goles, el oído empezaba a filtrar ya los gritos de júbilo. En ellas llegó un córner peligroso en Sevilla a favor de los locales que acabó con el que debe de ser nombrado tambor de oro en el año 2014 empujando a la red un balón tras una chilena espectacular. Era el empate y a la Real con eso le bastaba.
Pocos minutos despues llegaría la expulsión de Jonas y el penalty que otra vez, Álvaro Negredo puso al fondo de la red. Sonaba el silbato en Coruña y casi de manera simultánea lo hacia en el resto de campos. Eran las 20.50 y éramos equipo de Champions.
El descanso se hizo eterno, los minutos no corrían y yo miraba al cielo en la galería de Dublín con mi camiseta de Mikel puesta. Puntual comenzó la segunda mitad. Antes de empezar quisimos tranquilizarnos ambos y casi de manera simultánea nos dimos cuenta de que el Valencia y el Depor necesitaban dos goles.
El primero de los valencianos no tardó en llegar, y Soldado, empeñado en mantener el pulso particular con Negredo, puso el empate. Ya no era tan imposible, y la música de Champions bajaba el volumen en mi mente. Un gol del Valencia y estábamos fuera. No es entonces sino despues, cuando escuchas a los protagonistas de otros partidos, cuando revives los momentos de esa noche cuando te das cuenta de que el verdadero infierno es el de la lucha por no descender.
El Depor crecía, y ambos equipos llegaban sin asustar o eso decía la radio. Cada vez que el Depor pasaba de centro de campo con la pelota controlada, cada centro al área, cada disparo lejano la taquicardia de mi corazón aparecía. Sólo el contacto de la mano de la chica maravillosa que compartía conmigo el ordenador conseguía calmarme. Y con esas llegó, llegó Don Álvaro Negredo al rescate de la Real. Otros dos goles para la suma total de 4, un poker al Valencia para que cada gol de el se cantara en el corazón de los txuri urdin como suyo. Sólo había once jugadores que podían amargarnos la noche, y curiosamente vestían de blanquiazul.
Los 25 minutos que fueron desde el 67 al 93 fueron literalmente, los minutos más lentos de mi existencia. Tiros al palo, salidas en falso de Bravo y hasta la expulsión de Markel con tal de no dejar al corazón tranquilizarse. El despeje final tras falta desembocó en un abrazo de época, en un abrazo de Champions, en un abrazo de leyenda.
Éramos de Champions. La Real era equipo de Champions por segunda vez en una década y curiosidades de la vida, nuestra victoria hundía al Depor, salvando al que en aquel año nos hundió a nosotros, el Celta.
Despues vinieron los twits, los wathsapp, los mensajes y hasta los mails, pero nada resume el sufrimiento de esos minutos como la respuesta de mi padre a un mensaje mandado por mi para tranquilizarlo que decía escuetamente, “déjame, déjame…”
Al dia siguiente cuando amaneció, no dudé. El orgullo me podía y había que pasear los colores por la ciudad, el orgullo por las calles, el honor por las rincones. Se hicieron públicos los vídeos que nos hacen más grandes, esos en los que se ve un grupo de amigos que forman un vestuario, esos que estuvieron con Monty hasta el final, esos que tuvieron el respeto y la deportividad de consolar primero y esperar a que la afición del Depor se fuera del estadio para celebrarlo en el campo. Un grupo de amigos que juegan al futbol y se les da tan bien, que el 20 de Agosto oirán la música de la gloria llevando el escudo de la Real en el pecho, y para lo cual y como se ve en el video de las celebraciones, ya ensayan.
Los próximos dias no pudieron ser mejores que aquel, no pudieron mejorar la emoción del momento y cada vez que mi mente volaba y se posaba en oír, otra vez, esa música, me recorría un escalofrío.
Estos jugadores han hecho este año que se me llene el pecho de orgullo, la mente de sueños y la cara de felicidad cada vez que lo que han conseguido me viene a mente. La noticia de Jagoba al que ofreceré el hueco y tiempo que merece tambien llegó como debía, pronto. La planificación de la próxima campaña no podía esperar más y se hizo lo lógico, buscar la linea continuista del proyecto de Montanier y no la vía del entrenador extranjero que no conoce ni Liga ni jugadores de la plantilla.
La noche de aquel 1 de Junio pasará a la historia, y ahora, entre turbulencias de un avión que me lleva al segundo sitio del Mundo donde prefiero estar, se me sigue poniendo la carne de gallina y se me empañan los ojos con lágrimas, aunque no estoy seguro de que esto último sea por ese mismo motivo.
1 de Junio, un sabado soleado, animado y bonito. Uno de esos momentos en los que siempre recordarás donde estabas.

Yo estaba en Dublín, ¿y tú?

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Publicado el 17 junio 2013 en Real, Siempre subjetivo. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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