Presente de indicativo del verbo creer

Un viernes sin fútbol, un sábado sin fútbol, y casi todo el domingo sin fútbol. Eso es lo que tienen las jornadas unificadas de final de temporada donde los equipos se juegan casi a una sola carta su futuro en Primera, en UEFA Europa League o en Champions League.

Estaba claro que no era un partido más. A eso de las 18.15, empezaba Twitter a cargarse de fotos de toda la gente que se amontonó cerca de la puerta 0 del estadio de Anoeta esperando a que el autobús de la Real dejara su concentración en el Costa Vasca para partir rumbo al estadio donde a las 20.00 se jugaba como bien dijo Montanier el viernes, una semifinal. Cerca de un cuarto de hora antes del encuentro, y subiendo las escaleras, me cruzo con Zuhaitz Gurrutxaga, uno de los elegidos que pudo disfrutar de ser parte de la plantilla de la Real que jugó en Champions, si bien el de Elgoibar no llegó a debutar. La sonrisa que lleva en la cara según enfila la subida por la puerta 5, denota lo importante del partido.

Ya en mi sitio de casi siempre y a la salida del equipo, alzo la cartulina estratégicamente colocada para formar un precioso mosaico de color txuri urdin a la salida de los jugadores bajo el txuri urdin a todo trapo. El habitual pasamanos entre los jugadores y al fin del himno, un atronador grito de Real Real que pobla las 30.500 localidades ocupadas del estadio. Suena el once del Madrid, y una atronadora pitada se alza en el estadio. Me doy cuenta de que me he dejado mi silbato, como lo iba a echar el falta durante el encuentro. Los nombres de Diego Lopez, Khedira, Kaká, Carvalho, Marcelo, Essien, Arbeloa, Albiol, Modric, Higuain y Callejón apenas se escuchan con el griterío. El enunciado del banquillo blanco, verde en el caso de ayer, dan paso al ya clásico cántico del narrador realista que comienza su intervención estelar.

“Jaun andreok, hau da, lehen minututik, azkeneraino, orru batean, animatu behar dugun, taldearen HAMAIKAKOA: Bata, Bravo atezaina, bia, Carlos Martinez, hirua, Mikel Gonzalez, bosta, Bergara, seia Iñigo, zazpia, Griezmann, zortzia, Ilarra, bederatzia, Agirretxe, hamarra kapitaina, Xabi Prieto, hemezortzia, Chori eta hogeita laua, De la Bella…” mientras que cada uno de los dorsales y nombres era acompañado por un atronador sonido de ánimo. El árbitro, Gonzalez Gonzalez, miraba a banda esperando el OK de la hora de comienzo, mientras que en Sevilla habían empezado antes de tiempo y cantaban el primero de la noche, a favor del Betis. Según el balón empezaba a rodar, la mente de los realistas empezaba a hacer cábalas. El resultado del Betis salvaba al Depor si conseguía ganar en Málaga, pero daba por salvado al Granada que no se jugaba nada en Mestalla. Una de cal y otra de arena.

La primera fue para la Real, un tímido disparo, pero casi sin tiempo para ponernos nerviosos, un error de salida de balón con un pase bastante malo de Markel que Mikel controla y quiere abrir hacia Iñigo, hace que el de Mondra falle en el pase y deje al “Pipita” en una situación de uno contra uno que no falla el argentino. Minuto 6, la Real por detrás en el marcador, una vez más, pero esta vez ante el Madrid. En la grada, aproximadamente unos diez segundos de asimilación, después, un grito unísono de ánimo a los jugadores. REAL!!! REAL!!!

Los nervios nos habían pasado una mala pasada, no iba a ser la última de la noche, pero la Real empezó a jugar como sabe, como ha demostrado a lo largo de la temporada, ese juego que le ha hecho colocarse cuarto durante jornadas y jornadas hasta perder el puesto ayer en favor del Valencia. Auriculares para tapar el sonido del calvo impresentable de detrás y para estar informado al segundo de lo que ocurre en los demás campos. El Málaga empieza a ganar, 1-0 al Depor mientras que Osasuna pierde contra el Sevilla en el Reyno. Todo va más o menos bien en los demás estadios, el Valencia busca el gol pero se encuentra con Roberto, cerca de convertirse en ídolo de la afición realista. Durante la primera mitad, el Madrid tuvo en tres o cuatro ocasiones la oportunidad de montar una contra, juego rápido y de toque para plantarse delante de Bravo, pero no lo consiguió de manera sencilla. Es verdad que botó unos saques de esquina que pusieron en algún que otro aprieto a la zaga realista, pero sin las cabezas visibles de Ramos y Cristiano, el balón parado del Madrid perdía eficacia. El balón, el juego y las ocasiones, eran txuri urdines.

Y es que en dos ocasiones claras Diego Lopez sacó las castañas del fuego a su defensa. La primera, quizá la más clara del encuentro, a un cabezazo de Antoine, que el portero atajó con su mano derecha demostrando unos reflejos felinos y mandando el balón a corner. La grada aun no se creía la intervención del portero madridista cuando hizo otra de merito, esta vez por arriba para mandar un segundo balón a saque de esquina. Las continuas subidas de Carlos Martinez sangrando la espalda de Marcelo, los pases entre líneas buscando a Agirretxe y la movilidad de un Griezmann, daban a la afición alas para pensar que se podía. Un segundo balón al que no llegó bien a rematar el de Macon, hizo que Essien con la nunca volviera a mandar el balón por enésima vez a la esquina. Anoeta rugía ante el esfuerzo de los txuri urdin que al descanso solo se pudieron llevar la sensación de haber marrado suficientes ocasiones como para haber volteado el marcador. La pena residía en los aficionados txuri urdines entre bocatas de tortilla y botas de vino, con la esperanza puesta en una segunda mitad que diera a los donostiarras la opción de poder sacar el partido adelante.

La segunda mitad empezó con otro par de imprecisiones en la zaga que casi cuestan un par de infartos en la parroquia. La primera, un cabezazo de Iñigo orientado hacia la portería donde debiera estar Bravo que había salido de ella, y que se marchó a saque de esquina por centímetros y una cabalgada de Higuain que la presión de Mikel le hizo caer en el área pidiendo penalty inexistente. El Madrid llegaba, a la Real le temblaba todo, y en esas, apareció Kaká. Era un invitado al que no se esperaba hasta que un centro preciso entre centrales, puso a Callejón una oportunidad de oro para clavar el segundo en el tanteador. La grada se desolaba, 0-2, y los gritos de ánimos menguaban un poco. Para más INRI, los que llevábamos la radio con nosotros oíamos el sonido del gol en Mestalla. La Real perdía 0-2 contra el Madrid y el Valencia ganaba, dejando a la Real con una sola opción en la última jornada. Estaba claro que la Real llegaría con opciones matemáticas a Coruña, pero cuantas más opciones tuviera, más sencilla sería la gesta. La cosa se empezó a poner peor, y más aun cuando a la entrada de Zurutuza, el cuarto árbitro levanto el “8” de Illarra, cambio claramente de precaución y como después se supo, aunque a priori no se entendió, cambio pactado. Y justo entonces, cuando los pocos que creían empezaban a pensar que era imposible, apareció Khedira, y su brazo derecho. A Gonzalez Gonzalez no le tembló el pulso, señalo la marca de los once metros y Xabi y su clase pusieron el resto. El disparo, ajustado, y menos mal, por que si no hubiera sido la enésima que sacaba Diego Lopez en la noche de ayer, donde la grada de Anoeta pedía a Casillas bajo palos. Era imposible parar más. 1-2 en el tanteador, el equipo venía de abajo y la afición se enchufaba.

La Real creía, la afición creía porque lo que en el campo se veía, daba motivos para creer. Una más de Carlos Martinez poniendo un buen centro, que ya comenzaba a hacer surco en la banda derecha de tanta subida y tanto centro bien puesto, que si no llega a ser por el dominio aéreo defensivo de la pareja de centrales, bien hubiera acabado con 4 goles en la portería blanca. Un gran pase de Imanol a Griezmann que dribló a Diego Lopez no pudo acabar en gol con un disparo demasiado forzado. Un saque de falta que tras rechace casi acaba en gol y un disparo lejano, precedieron al momento de la noche. Carlos Martinez, que pese a que el calvo gilipollas de detrás dijera que no ponía una bien se estaba marcando un auténtico partidazo, puso un balón de ensueño tras un robo de balón de los de carácter para que Griezmann en el segundo palo batiera a Diego Lopez por segunda vez. Era el minuto 80, faltaban 10, Montanier había movido el banquillo por segunda vez para meter a Ifran en el lugar de un agotado Chori y la Real se encontraba de dulce. En la grada se podía notar la tensión de Mestalla que no se podían creer que la Real lo volviera a hacer, a remontar un partido ante un grande. La afición cantaba y coreaba, justo cuando una combinación entre el mago Özil y el tuercebotas de Khedira puso el balón en el fondo de la portería de Claudio Bravo. Los decibelios de Anoeta quedaron al instante secados y la afición se vino abajo. En los 4 minutos que duró la alegría, a 30.000 de los 30.500 que había sobre los asientos azules, les había venido a la cabeza la gesta del Barça, y solo esperaban al “momento Agirretxe”. 4 minutos, 4 maravillosos minutos en los que la afición, cada uno de los aficionados de la Real creyó en completar la hazaña, y se había vuelto a ir. El enésimo mazazo del Madrid que pese a presentar un once de circunstancias, te mata en cuanto puede.

La Real estaba tocada, Markel dejó paso a Jose Angel y el Madrid estuvo cerca del cuarto. La Real estaba muerta, pero a la afición le quedaba un aliento, y con ese, impulsó un balón de Jose Angel, a la cabeza de Xabi para que el capitán se lanzara en plancha para marcar el tercero, pero otra vez, un lucido Diego Lopez volvió a sacar el balón de la línea de gol. La grada de pie, no se lo creía. Las manos en la cabeza. Quince, veinte ocasiones claras y el partido se nos iba a marchar. Otro centro de Ifran que Agirretxe peina y se va fuera, otra ocasión para Antoine, una internada en el área de Ifrán que no saca provecho y una última en el minuto 90 de Imanol que se va fuera por poco. La Champions volaba lejos de Anoeta, algún descreido comenzaba a enfilar vomitorios, y la Real demostró una vez más, que “esos que se van, no son de la Real”. Un centro desde la derecha al segundo palo que Agirretxe deja para Xabi que remata una vez más contra Diego, pero el capi esta vez tira de orgullo, y se lanza a por el balón, con el cuerpo entero, hasta que entre el brazo, la cabeza, el pecho y los “kinder” que puso el “10” en el remate, hizo que el balón entrara. GOL! La afición se abrazaba, algunos pensaban, “total, para qué” pero es un gol importante, es un gol que obliga al Valencia a sacar los 3 puntos del Sanchez Pizjuan, es un gol que nos deja creer.

El partido acabó y la afición tributó al equipo la ovación merecida. La del final de un partido mágico en el que la Real puso todo lo que tiene, y la pelotita no quiso entrar. La de final de una temporada de ensueño que todos firmábamos a 19 de Agosto, y más aun a 19 de Noviembre. Una ovación merecida a unos valientes que han devuelto la ilusión al pueblo humilde. Camino al coche, elucubraciones, análisis de los resultados, conjeturas…. Pero los números eran claros. La derrota del Depor en Málaga dejaba al Depor dependiendo de si mismo, pero con la obligación de hacer lo mismo que sus rivales, el Celta, el Zaragoza y el Mallorca. Al Valencia, le obligaba a ganar siempre y cuando la Real consiga traerse los 3 puntos de Riazor, eso si, contra un Sevilla que solo se juega la novena plaza, plaza UEFA Europa League si el TAS no le concede al Málaga la cautelar, ni la UEFA retira la prohibición al Rayo de jugar competición Europea. Sevilla tiene además el aliciente de Emery, que salió mal de Valencia, y a Negredo, lucha por el Zarra con Soldado…. O eso queremos ver los de Donosti. Todas las opciones que sean posibles, son válidas, pero todo pasa por que la Real no falle en Coruña, tarea harta difícil. Pero…. viendo el partido de ayer, con un 10% más de acierto, hubiéramos goleado al Madrid. Eso hace que el aficionado txuri urdin tenga una sensación, una ilusión, una creencia dentro de que la gesta todavía es posible. 4 de 4 lleva el Valencia, 12 de 12, ¿será posible que saque 15 de 15 en el momento clave de la temporada?

Quizá lo sea, pero, de aquí al sábado, al sábado a las 22.00 cuando acabe el partido de Riazor (si, 22.00 ya que el próximo post será desde tierras verdes irlandesas, viviendo un pequeño sueño) la afición creerá en su equipo. Las gargantas que se aferraban al himno de la Real a la conclusión del partido, las que animaban a la llegada del autobús a la puerta 0, las que se dejaron el alma tirando del equipo en los peores momentos, creeran que es posible. Los jugadores, son conscientes de lo que están consiguiendo, que pueden pasar a ser parte de la historia del club como lo fueron antes gente como Karpin, Darko, Nihat, Xabi o Aranburu.

De aquí al sábado solo queda recitar el presente de indicativo del verbo creer: él cree, nosotros creemos, ellos creen… ¿tú crees? ¿vosotros creéis?… YO, CREO.

Sed buenos, o parecedlo

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Publicado el 27 mayo 2013 en Real, Siempre subjetivo. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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