MONTANIER!!! DIMISIÓN!!!

Estaba bastante claro, no era un domingo más. Era un domingo especial, se notaba en el ambiente. El viernes y el sabado fueron dias intensos, volviendo a vivir, esta vez desde la grada, como muchos ex compañeros y amigos vivían una gesta para la historia en el polideportivo tolosarra de Usabal.

La tarde del domingo, precedida por otro buen partido en Ordizia, se hizo larga. A veces la buena compañía ayuda para que las horas vuelen, pero en este caso no parecía suficiente. Los minutos parecían horas hasta que llegaran las 19.45 hora de partida ayer, un cuarto de hora antes de lo habitual.
El coche esperaba, en el armario la camiseta del eterno 11 aguardaba y la bufanda de los 3 goles se agitaba en el armario como diciendo “quiero ir”. En el Reyno habia fallado, pero no se le puede exigir tanto, llevaba una temporada dura, como ese amante al que le piden más y más, y algun dia tiene que fallar. Habia que darle un voto de confianza, asi que, al cuello, nudo y prestos a salir.

El ritual de siempre, varió. Una visita a Carlos I, un trago rapido y al estadio. En los pies, esperamos a Juan, exultante. Sitio cogido, de pie para recibir al equipo, ovación de gala y al bocata. Mirada atrás, temporada de esquí terminada C.C., más conocido como el Calvo Cabron volvía a ocupar su asiento. Se acabaría la magia? Empieza a ser una costumbre cenar antes y no durante el partido, mientras esto siga asi, no cambiará. La primera, todavía sin terminar el bocata, una apertura de 40 metros, majestuosa de la figura por excelencia ayer sobre el verde, un tal Agirretxe, al hueco donde la esperaba Carlos Vela, jugada personal y el primer uyyyyy en la grada. Empezaba bien el asunto.

Bocata terminado y empezado a analizar el juego, necesitaba pipas para que mis dedos no acabaran en muñones. El Valencia tocaba y jugaba, y una falta de Mathieu, el valencianista mejor sobre Anoeta ayer nos hizo pensar a todos algo parecido, “nadie dijo que fuera a ser facil”. El dominio pasó a ser visitante y la inquietud caía en la grada hasta la confirmación. Una jugada de toque en banda izquierda, un centro magistral y Soldado que le toma la delantera a Iñigo y la mete dentro. 0 1 y la reacción de la grada la apropiada, la esperada. Lejos quedaron los pitidos, la ovación y el REAL!!! REAL!!! Sonaban alto y claro. Este equipo se ha ganado el derecho a creer, a confiar en el.
El Valencia no se cerró, sabía que lo normal era que necesitara más de un gol para llevarse 3 puntos de Anoeta, sabía que la Real marca goles con la facilidad que Vela es capaz de sacar amarillas. El mexicano empezó a tirar del carro, 3 tarjetas forzó en 3 sendas faltas recibidas y la Real cogía aire. Entre todos, Imanol todavía escondido, emergió la figura del “5”, del de Elgoibar, de Markelele. Markelele ya es un tio conocido por mis pocos pero exquisitos lectores. Markelele no es un tio con clase, no es un tio con toque, no es un tio con desplazamiento en largo. Markelele es un tio que roba y juega un pase de 5 metros para que el de la clase, el 8, la juegue. Markelele es el que se ofrece cuando tapan a Xabi e Illarra, Markelele es el freno de mano de este equipo, y si el roba, el equipo corre, y cuando la Real corre, el equipo rival tiembla.

El despliegue físico de ayer es otra vez de nota alta, un sólo error, dos tal vez en un partido como este para un tio que muchos ponían por detrás de Elustondo, pues eso. Pero volviendo al partido y repartiendo el protagonismo, no llegó el empate hasta minutos despues de la jugada polémica del dia. Bravo toca el balón con la mano, un metro fuera del área. En directo parece claro, mis contactos televisivos no se ponen de acuerdo pero el de amarillo dice que siga el juego. Soldado desespera, la Real aprovecha y se vuelca. Un córner, dos, tres… Pero faltaban las palabras mágicas. Un córner sacado por Chori en corto a Vela, se la da de vuelta y el uruguayo se dispone a centrar de diestra. El comentario, como siempre “certero”. Con la derecha no hombre, no se la des a la derecha, se oye tras de mi mientras el balón sobrepasa el área, e Iñigo, resarciéndose de la marca perdida en el gol, de volea a las mallas. Iñigo lo celebra con rabia, C.C. la acaba de clavar una vez más, sus palabras mágicas surten efecto inmediato como un Paco Gonzalez cualquiera.

El partido ha cambiado, la grada ha cambiado, ahora se cree más, el Valencia está contra las cuerdas, le han igualado y a ellos el empate no les vale, necesitan la victoria. El pitido hacia los vestuarios de Fernandez Borbalán, muy desacertado durante todo el partido es un suspiro de alivio también en la grada realista. Sobre la bocina, una amarilla a Banega por seguir protestando la jugada de Bravo. El descanso se hace largo, por eso, incluso antes de tiempo volvemos a estar en el asiento desde donde aun sin saberlo, vamos a disfrutar otra vez de minutos mágicos en Anoeta.

A la segunda mitad la Real entra enchufada. Por primera vez, Borbalan perdona la segunda amarilla a Cissokho en una jugada en la que debió de verla por una falta a destiempo y totalmente fuera de lugar a Iñigo Martinez. Por segunda vez, en una falta botada hacia el área valencianista que Xabi intenta prolongar y falla, y despeja de puños dentro del área, debiendo ser penalty y expulsión por segunda amarilla. No hacía más que decidir de manera errónea a favor y en contra de los equipos Fernandez Borbalán, cuando se tuvo que pegar la carrera del día. Un centro al área donostiarra que sacan entre todos un poco y llega a Carlos Martinez que en semi fallo, la pega hacia adelante, para que la prolonguen de primeras, balón a Agirretxe que la deja de taquito para Chori, Chori de primeras al hueco a Agirretxe en carrera, tres toques del de Usurbil, un pase al sitio, el Chori que la deja correr dejando a Alves vendido y el segundo, Contraataque de manual, de los que se enseñan en las escuelas de fútbol, de los que se ensayan en los entrenamientos, de los que se dibujan en las pizarras…. De los que no salen vamos. Pero la Real está de dulce este año, y como dijo Paco Gonzalez en la retransmisión, culminó ayer el mejor contraataque de lo que va de Liga. La grada se abrazaba, el Chori corría y las estrellas empezaban a brillar en el cielo, augurando la llegada del balón estrellado al cesped verde de Anoeta, allá por Agosto, cuando el calor apriete y nos llamen a filas.

A partir de ese momento, la Real se soltó, se vino arriba y se dejó llevar. Markel siguió creciendo y siendo el auténtico stopper realista. La defensa consolidaba el poder frente a Soldado, Illarra se cernía de la presión valencianista y comenzaba a mostrar destellos de calidad, Vela seguía cabalgando bandas, De la Bella intentando y saliéndole imposibles y Agirretxe dando muestra de su calidad. Hasta Carlos Martinez con una jugada de tiralíneas con Xabi dejó su destello. Los cambios fueron tardíos y no aportaron en demasía. El Valencia buscaba el todo por el todo y quitaba laterales para meter delanteros. En el minuto 86, con Anoeta sin uñas, pipas por las escaleras, gente yendose del estadio para coger el autobus y demás casualidades, un balón que le cae a Vela que conduce otra contra, esta, menos efectiva. La apertura a banda justo en el momento indicado, el pase, demasiado fuerte, Xabi lo hace bueno, que pone un balón de calidad, a un desmarque de calidad que hace Imanol en el segundo palo, que no es otra cosa que dar un paso atrás en el momento perfecto para rematar y batir a Alves por tercera vez esa noche. Y Anoeta estalló. Abrazos, risas, lloros, gritos y emociones por las esquinas. De Dublin me llegaban con ansia razones para soñar, ilusiones desde la lejanía de gente que no tiene la suerte de poder disfrutar de esto, pero que lo hará sin duda de Europa el año que viene. Y en pleno éxtasis y tras el cambio de Anso (ANSO!!!) la puñalada trapera. Esta que viene a destiempo, esta que no ves venir que no crees que pueda llegar, y el gol de Jonas. Anoeta calló al instante. Estas son las nuestras, las que las liamos, las que nos acaban empatando y lejos de eso, ganando. La de Vitoria, la de Villarreal el año del subcampeonato, y la de otras tantas. Para más INRI, falta al borde del área y Anoeta aprieta nalgas. Estamos allí, 28.097 menos esos que no son realistas y se han ido, cagaos perdidos mientras Mathieu manda la pelota a la barrera y estallamos en salto como is hubiera sido gol.

Pero el Valencia no ceja en el empeño, balones al área, Anso se hace grande, saca dos seguidas, y la segunda se acerca hacia el centro del campo, falta menos de un minuto y Anoeta empieza a respirar. Imanol va a pelear el balón, si la gana, 30 segundos de reloj que comemos y más cerca de Europa, más cerca de Champions. Imanol no solo pelea él, sino que la gana y por delante de Imanol, nada salvo Alves. Anoeta, unos 25.000 tíos miran al árbitro que no pita, sorprendentemente falta. Y ahí va, Imanol Agirretxe, de Usurbil, de la cantera, incluso pasado por Lezama, en el minuto 94 del partido que para la Real es una final, ganando la carrera con el balón a todos los defensas valencianistas, haciendo que uno por uno todos los aficionados se vayan levantando, pensando, metela por favor… Y como iba a dejar de complacer a su grada? Se plantó, ahí, delante de Alves, y sin pedir permiso mientras Alves pedía piedad, picó el balón. Como un superclase, como un jugón cualquiera, como un delantero estrella, como un delantero de Champions. Mientras el balón volaba en mi mente resonaba la sensación, “no puede ser verdad, no puede clavarla así”. Pero si. El cuarto al tanteador, Imanol hacia el corner brazos abiertos mirando la grada. Mi padre, loco, al pasillo. Juan, abrazado a su padre. ¿Y yo? ¿Yo? Yo subí tres filas de asientos. Me faltaba espacio libre para correr, gritar y saltar. Ver de nuevo aquella imagen y volver a correr. Me giré, miré al campo, y vi, todo en uno y como no han podido chivarme hoy mejor, el lema de esta Real. “Calité, movilité, fraternité”. La calidad realista sobre la cancha, la velocidad endiablada de los jugadores, y la hermandad de un vestuario, que divididos en tres grupos, se abrazaban al son de una musica que suena desde ayer a las 23.00 en la mente de todos, esa melodía mágica de Champions League.

Ya lejos de la euforia, asimilando la victoria, las consecuencias, los datos, los 23 partidos de una sola derrota, otro partido de 4 goles, 5+1 al quinto clasificado, 9.4 en dos partidos al Valencia, la segunda vuelta sin perder, 58 puntos a falta de 5 jornadas…. recordaba con Juan, que ayer faltó en la grada un grito. Ese grito que mi fiel compañero de batallas de Anoeta grita desde que el Espanyol nos ganara en Anoeta y a partir de que desde entonces, demos espectáculo si o si. Un grito que empezó en una zona de Anoeta, y que ahora muchos creen que es provocación, y no es más que recordar a la gente que siempre, siempre hay que estar con el equipo. Un grito que excluye a todos esos que no están con la Real en los momentos difíciles, porque el amor a la Real es como el amor entre personar, para siempre, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, y sobre todo, en la tristeza y la felicidad. Ese grito que nos une a Juan y a mi, frente al resto del estadio porque nos orgullecemos de no haberlo gritado en los malos momentos, y si ahora que vemos espectáculo desde nuestras localidades. Esperemos, poder seguir gritando…

MONTANIER!!! DIMISIÓN!!!

Sed buenos, o parecedlo

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Publicado el 29 abril 2013 en Real, Siempre subjetivo. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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