Markelele y diez más

Era un domingo diferente, sin duda. Iba a ser mi tercera visita a El Sadar de Pamplona, ambas anteriores de infausto recuerdo. La Real jugó extraditada en el 2001 un partido en el coliseo navarro. Aquella vez, fue contra el Celta y pese a que empatamos 0-0, el partido dejó mucho que desear. La última vez, hace más de dos años, en el retorno a Primera División. Contactos pamplonicas nos hicieron con 4 entradas desde donde vimos, muy cerca del ex txuri urdin Biurrun, como Juanfran rompía la cadera de De la Bella y nos sacaba las vergüenzas delante de un campo abarrotado.

No ha sido nunca campo de mi gusto, no por el magnífico ambiente que se respira en sus aledaños cuando va a empezar el partido ni por la majestuosidad de su estructura, que parece ideada para que hasta los linieres teman por la integridad de sus banderas. Ayer mismo, casi en la última fila de lo que ahora llaman Reyno de Navarra, tenías la sensación de alargar la mano y darle ánimos a Charly mientras sacaba de banda.

Además de esas dos malas experiencias en el Reyno, venían a mi memoria las escasas oportunidades en las que he podido gozar de ver a la Real en un campo ajeno. Hasta ayer, habían sido 4, una en San Mames (1-3), dos en el Bernabeu (6-1 pitando Japón Sevilla y 5-1 el año pasado) y una en el Camp Nou (2-1). La suma de puntos de las 5 veces que he visto jugar fuera de casa a la Real era escasa, y eso, desanima un poco.

El plan en cambio, era bien distinto, quizá no perfecto, pero desear tanto es a veces sacrificar demasiado. Vendrán planes mejores, aunque no mucho mejores. Lejos de las miradas indiscretas y de los planes perfeccionados para “ir al fútbol”, el de ayer era plan para otra cosa. Un comportamiento excelso del ayer anfitrión consiguiendonos entradas a 10 euros y llevándonos por toda zona de Pamplona que se preciaba de pintxo en pintxo, de caña en sidra y de ginkas en cubalibre, la tarde se hizo del todo amena. Uniéndonos en ocasiones a cánticos animosos de la Real, y otras a los cánticos hermanados contra el Athletic como los sabidos de “No son de Lezama, son de Tajonar” o “El año que viene, Athletic Alavés” enfilábamos a eso de las 18.15, la bajada hacia el campo de fútbol. La afición, como siempre, de diez. Lejos de aquellas insinuaciones de no hermanamiento o si hermanamiento, la afición rojilla siempre ha respetado a la txuri urdin, si bien es verdad que diferencias hubo en su día sobre el verde de El Sadar. Sin embargo, los rojillos y los txuri urdines tenemos en común a nuestro segundo equipo. Como dice mi padre, sabio en caracter y palabras, “yo tengo dos equipos: La Real, y el que juega contra el Athletic”, y en eso, y cada vez más, coincidimos con los rojillos.

Dejando atrás pues una bella dama y dos acompañantes rojiblancos, bajábamos hacia El Sadar haciendo cábalas sobre el encuentro. la baja de Illarra era clara y como comentábamos a nuestro amigo pamplonica, solo nos faltaba el undécimo que acompañase al resto de los diez que más o menos teníamos claros. Twitter informó, y las ganas de tirar al rio el móvil, o el entrenador, crecían. Jose Angel en el banco en el partido en el que faltaba De la Bella, dando la oportunidad a Cadamuro, que se estrenaba en el once. La inclusión de Elustondo en la posición de Pardo, marcando un demasiado claro doble pivote por delante de la línea de 4. Empezaba a oler mal el asunto, y diez minutos de juego fueron suficientes.

La Real demostró una vez más tener punch arriba pese a que ayer Vela ni estaba ni se le esperaba. A los diez minutos fue evidente la falta de juego de la Real, que no elaboraba, que no creaba, que no profundizaba las bandas. A favor de Osasuna hay que decir, que no es fácil subir la banda de El Sadar, en contra de la Real, que así como en Anoeta parece que el cuentakilómetros de De la Bella y Carlos Martinez da dos vueltas sobre los ejes cada partido, ayer no fue ni de largo la mitad de la mitad de lo que aparentan otras veces. Quizá la inclusión de alguien que no deja de ser un central pegado a la banda, hizo que Carlos tuviera más dudas de subir. Quizá la incomodidad de verse pegado a la cal de Cadamuro privó al francés de arrancarse en alguna subida. El hecho es que la Real no fue la Real en los primeros instantes de juego, y sumado eso, a las amarillas de Mikel Y Cadamuro, Vela y Griezmann, el partido se iba a hacer muy largo.

Y es que puede llegar a ser demasiado presuntuoso pensar que mandar a un valenciano a pitar a la Real estando como está la Liga y visitando como visita el Valencia dentro de 6 días el feudo donostiarra, es algo arriesgado, o algo planificado. El caso es, que el bueno de Mateu, ese, el amigo de Mou, el que tanto gusta en España su manera de arbitrar y que a los aficionados saca de quicio cada día más, se cargó al bueno de Macon para el duelo decisivo del domingo, 21.00 en el Estadio de Anoeta.

Fuera como fuere, la Real creó poco en la primera mitad. En la sala de máquinas como he dicho ya, dos de lo mismo y nada de lo bueno. Sentado en la grada, o mejor dicho en la escalera, entre aficionados realistas que gritaban, y osasunistas que se amedrentaban, solo vi un partido de fútbol de 90 minutos, sin nada. Sin nada más que un par de arrancadas de Antoine por banda para intentar crear superioridad, y sin nada más que un majestuoso Agirretxe que ayer dio una lección de lo que un “9” tiene que hacer en un partido como el de ayer. El de Usurbil se desfondó todo el partido presionando, bajando balones, recibiendo golpes y caricias e intentando marcar el gol que diera los 3 puntos a los donostiarras. Osasuna creó poco, justificó por qué está tan abajo y por qué cuesta cada año más que este equipo saboree mitad de tabla. La mitad de sus puntos sin duda, los saca la afición.

Ayer volví una vez más enamorado de un campo como El Sadar. Vertical, cerrado, cantante y presionador, los rivales no tienen oportunidad de crecerse y se vienen abajo. Intentan sacar el balón a pelotazos más que nunca, los uyyyy se oyen a dos palmos de tu oreja y la próxima vez puede ser gol. La oportunidad más clara de la Real fue un doble remate de Agirretxe y Prieto en un saque de esquina, que destacó sobremanera en 45 minutos. Nada más por allí, nada, salvo el amago de Cierzo que se cernía sobre los cuerpos y entre los huesos de los más de 800 que estábamos por allí de txuri urdin.

La segunda parte, fue más de lo mismo. Poco fútbol, mucha intensidad y lucha y un nombre por encima de casi todos, (de todos menos de Agirretxe para ser más exactos), el de Markel Bergara, desde ayer, Markelele. Markelele es un 5 tipo, un 5 clásico, un stopper, un destructor de jugadas, un robador de balones y punto. Pase en corto al creador, al jugón y a por la siguiente que tenga que meter el pie. No hay más, no se le pide más, pero cuando no se te pide más que eso, se te pide la perfección, y ayer otra vez, en esa faceta, 9/10. ¿El problema? La alegría de hoy, la torsión de rodilla de Elustondo. Y es que entre las lesiones y el nivel que ofrece el amigo de Goierri, más le valdría buscarse plaza en Beasain y dejarse de Primeras Divisiones. El cambio, valiente, lo poco que ayer se puede destacar del mister. Miró a los ojos al rival y les dijo “voy a por vosotros”. Metió al Chori, más impetuoso que acertado, pero que arrancó un par de vítores allá por el corner opuesto a los Indargorri. El segundo y último, para qué más” fue el de Ifrán, sustituyendo a un desaparecido Vela que necesitamos que vuelva por Donosti a eso de las 21.00 del domingo que viene, si no, sufriremos, y más sin Antoine, posiblemente el realista más en forma ahora mismo. No pudo hacer nada Ifran hasta que una vez más Agirretxe, sacó una jugada de donde no había más que un balón llovido del cielo para que Ifran tuviera un mano a mano que no pudo materializar. Antes, dos jugadas polémicas, una en cada área. Una caida de Iñigo Martinez en el área de Osasuna, tijeretazo por detrás a punto de rematar, pero parece que Mateu no pita penalty salvo que haya bien sangre o bien miembro amputado. El día que los árbitros piten penalty con un grado de falta del 50% de lo que mitan en el centro del campo, los partidos acabarán 5-5. Y es que me vais a perdonar, que una de las frases más escuchadas y por mi más odiadas en el fútbol es y será “no es suficiente para un penalty”. Eso significa, que si es fuera del área pito falta, pero dentro no pito penalty. Algún día encontraré en el reglamente donde dice que la intensidad de la falta debe ser más acentuada para pitar un penalty que una falta…. algún día, no cejaré en mi empeño, lo prometo.

Bien es verdad y haciendo honor a ella, que también vi penalty en un empujón de Iñigo sobre Sola, ese que parece que el año que viene cogerá la A-15 hasta Andoain y de allí luego la A-8 para volar hacia Bilbao. que Dios lo pille confesado al pobre. 90 minutos se cumplieron pues cuando Mateu ordenó que todos a casa que allí hacía mucho frío, y que queréis que os diga, yo lo cogí con gusto. No se si volveré al Reyno, no se si volveré a ver a la Real fuera de casa, pero ayer, hasta la bufanda de los 3 goles, esa que me acompañó a Anoeta contra Barça, Valladolid y Málaga hizo poco efecto. Volveré a llevarla el domingo a ver si se recarga, o es que ha perdido todo efecto.

Y es que el domingo se juega una final. Se juega una final contra gente como Soldado, Canales, Feghouli y compañía. Visita Anoeta el Valencia, quinto clasificado, que todo hay que decir, parece que se acaba el Mundo si nos gana. Me pregunto, quién no hubiera firmado estar dos puntos por encima del 5º a falta de 6 jornadas, pero somos insaciables. Queremos más, y lo vemos tan cerca, que parece que lo podemos exigir. Hay quien tilda del empate de ayer un fracaso. Hay quien dice, como yo, que sacar 4 puntos entre Vallecas y Pamplona es un triunfo. 14 partidos seguidos sin perder. 23 con una sola derrota, y seguimos siendo un sueño, seguimos siendo el rival a batir en esta Liga. El calendario del Valencia no es moco de pavo, el nuestro puede ser más cómodo, sobre todo por el condicionantes de las salidas y las visitas que recibimos en Anoeta. Está claro que queremos, deseamos y posiblemente merezcamos esa 4º plaza de Liga. Anoeta vestirá sus mejores galas en la grada, y esperemos que las vista en el campo.

Ayer Montanier volvió a recular sobre su opción más segura, si bien hay que admitirle al francés, que Pardo no pasa por su mejor momentos, la no inclusión de Jose Angel en el once del otro día mermó en mi opinión en exceso la banda izquierda realista. Hay que darle como no el honor de haber encontrado la fórmula, quizá le ayudaron, quizá fueron las bajas, no busquemos el como ni el por qué, agradezcamoslo. No hay que olvidar que la pareja Illarra Markel es la base de los resultados tan satisfactorios que está logrando la Real en los últimos partidos, y que el de Elgoibar está marcándose la temporada de su vida. La inclusión del 8 está casi asegurada el fin de semana que viene, solo una gran recaída de su lesión le podía dejar fuera del once. Por eso se puede perfilar el equipo que saldrá al verde de Anoeta a eso de las 20.55 con Bravo, Charly, Mikel, Iñigo y Dela en defensa, Markel Illarra en el eje, Chori a izquierda, Vela a derecha, enganchando Xabi y arriba el hombre del momento, Imanol. Son solo suposiciones, porque visto el esquema de Montanier, nunca sabes con que te puede sorprender (que pareado más majo me ha salido oye!)… pero lo que está claro es que el domingo el hombre que brille por encima de todos debe de ser una vez más, Markel Bergara. Con él vendrá la solidez, con el vendrá el robo y la salida rápida de Illarra, para el desborde de Carlos, el pase de Xabi y el gol de Agirretxe, que suele hacer de estas, de las de crecerse en las grandes citas. El domingo, a las 21.00, Gipuzkoa tiene una cita con el destino, Gipuzkoa tiene una cita con el futuro, Gipuzkoa tiene una cita con Europa, Gipuzkoa tiene una cita, con la Champions.

A la batalla la Real. A la batalla 32.000 gargantas. A la batalla once jugadores. A la batalla, Markelele, y diez más.

Sed buenos, o parecedlo.

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Publicado el 22 abril 2013 en Real, Siempre subjetivo. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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