Armstrong era mentira, el Barça también

Una semana convulsa. Fechas finales de exámenes, frío, lluvia, un coche que te deja tirado, una impresora que te falla en el momento exacto, un dedo a la virulé+Ek, una compañera a la que ves venirse abajo, un mito que cae a mitad de semana, y el Barça en Anoeta el sábado. Todo parecía darse para una semana fatídica. Por costumbre, los días de San Sebastian son parte del “Enero Realista” que llamo yo. Creo que si analizásemos todos los Enero desde hace 50 años, sería sin duda el mes de peores resultados para la Real. Eliminaciones de Copa, derrotas bochornosas…. Y el Barça en Anoeta el sábado.

El partido, traía cola. Los primeros rumores lo colocaban a las 22.00 de la víspera de San Sebastian, el día grande de la ciudad, el día grande de Guipúzcoa por antonomasia. Los pródigos, protestaban aún sin ser oficial el horario. Me consta, que tejemanejes de la directiva, consiguen poner el partido a las 18.00. Primer partido del Barça en todo el año a esa hora. No cabe duda de que hubo información a la Liga de que ese partido, no se podía jugar a otra hora que no fuera esa.

La lluvia del fin de semana, el susto de Vela el domingo pasado, las dudas de Bravo en el Bernabeu, el 5-1 que nos metieron en el partido de ida, el “si palmamos hoy y no rascamos en Vigo, otra vez a sufrir….” Y el Barça en Anoeta el sábado.

No me lo quitaba de la cabeza por la mañana. La manta que nos podía caer a la tarde. No es respeto, es admiración. No creo que sea menos realista por pensar que es el mejor equipo del Mundo. No seré sin embargo, el que alce la bandera del “precaución” en la cancha. Los 90 minutos hay que jugarlos a tope, a morder, a entrar con fuerzas, y a no pensar en “puedo ser yo el que deje a Messi K.O. dos meses”. Y el nombre en clave, era Markel Bergara.

Markel es el jugador para estos partidos. El jugador de lucha en el centro del campo, de batalla, de empujón, de entrada por el suelo, de lucha por arriba, de codo en el salto, de pisotón “sin querer”. De correr por el centro del campo detrás del balón, de no dejar que Messi reciba cómodo y cerca del área…. Markel era la pieza para el partido. ¿Mi duda? Si el sacrificado iba a ser Pardo, o uno de arriba.

En el coche, nervios. No sale la alineación y las pulsaciones suben. Las sensaciones a 45 minutos son claras. Hoy no nos toca rascar, hoy va a costar no salir goleados. No es falta de motivación, de actitud o no creer en el equipo. Es ver los números de estos animales que han perdido 2 de 57 puntos en 19 partidos, y lo han hecho contra el Madrid. Sale el once, y me gusta. Pensaba que podía entrar Chori en detrimento de un Antoine algo errático últimamente. Salimos con Vela arriba, y un centro del campo de trabajo. Me gusta. Tenía miedo a que el jugador fuera Elustondo. Me gusta.

A la llegada al campo me sorprenden los ruidos de tambores. Salgo del vomitorio y veo la que hay montada. Saco la cámara raudo y veloz e inmortalizo aquel espectaculo, para compartir, para guardar, para enseñar. Quien me iba a decir que iba a ser el preludio a lago tan grande. Un cuarto de hora antes, dos enfermos del juego que acaparaban la máquina de las apuestas, nos habían privado de jugarnos 8 euros por la victoria de la Real, que se pagaba diez a uno. “Igual hemos ganado 8 euros” bromeaba mi padre. Quien sabe, si de haber llegado a apostar, el destino hubiera cambiado el final de la historia.

Salta el Baça entre compases del himno de la Real a ruido de tambores. Salta la Real, sudadera enfundada y sin miedo al rival. Saludo de capitanes, pitada ya clásica al once del Barça, y ovación atronadora a cada nombre que se coreaba desde la megafonía al nombrar a los txuri urdines. “Hemos fichado a San Sebastian” concluía Mikel Rekalde ayer en su columna de opinión. Y ayer, parece que debutó con ganas.

A los dos minutos, llegó el primer milagro. Messi, falla, mejor dicho, tira fuera un uno contra uno con Bravo. Miro a mi izquierda. La cara de estupefacción de Juan es clara. “¿Hoy tampoco va a ser su día? Ya me jode” Y es que muchos eran los datos curiosos de la visita del Barça, y ninguno quise comentar antes del partido. Messi todavía no había marcado en Anoeta, único estadio por conquistar. Pep, no pudo llevarse en los dos años que visitó Donosti, más que un triste punto el año pasado. 2 años seguidos sin ganar en Anoeta. La Real era el único equipo al que el mejor equipo de toda la historia, no había ganado todavía a domicilio. Y era difícil, era harto complicado que se diera por tercera vez. Y más, si el pequeñito empezaba fallando, lo cual implicaba, un ansia mayor.

Y así fue. 4 minutos tardó nada más. Un balón en el borde del área, dos toques para coger ángulo, y como dice el gran Manolo Oliveros, “un pase a la red”. El primero.Las caras en la grada no eran de desesperación, ni de tristeza. Las caras decían “PUF!” El Barça mimaba el balón, lo acariciaba, lo tocaba sin pudor una y otra vez. La sensación era de una posesión de 10-90. La Real corría tras el balón y pese a que hasta el segundo no hubo más peligro, en la grada corría esa sensación de que en cualquier momento, un pase en largo, un control, un gol… A los veinte minutos, una frase de mi padre que miraba embobado hacia el campo. “Queda claro, que lo que sale en la tele, no es manipulado. Como la juegan”. Veías al 8 hacer de las suyas. Al 10 tocarla en medio campo y temblar. Al 6 darse la vuelta e irse de 3 con un movimiento de tobillo. Al 16 moviendo a su equipo a su antojo, y al 1, que le faltaba la cerveza en la mano. Aquello era fútbol. Así, un pase de Xavi en largo, control y centro de Alves, y Pedro de segunda línea, el 0-2. Minuto 26, mala facha.

El Barça no se cansaba de dominar el balón, de tocar, de presionar cada pérdida de balón…. Pero la Real no estaba muerta. Un par de acercamientos en faltas, un tiro a jugada sorpresiba de Xabi, y dos faltas en las que Undiano perdonó sendas amarillas a Alves y Busquets, hacían parecer que el Barça ya no bailaba tanto. Markel seguía ordenando presionar cada salida de balón, Charly no daba por perdido un balón ni aun habiendo traspasado la línea de banda, Vela se movía entre líneas, De la Bella empezó sus cabalgadas por la banda, y a Antoine se le veía con ganas. Así, minuto 40. Perdíamos 0-2, pero la impresión era otra. El toque del Barça seguía siendo toque. Iniesta seguía maravillando, y Messi había perdonado el tercero en un balón que casi se meten entre Charly y Mikel Gonzalez, y que pudo acabar con la expulsión de Bravo. Charly centra, pega en un defensa del Barça y el balón sube a unos 6 metros sobre el suelo. El balón cae a plomo y Antoine hace gala de sus muelles para ganar un balón aéreo a Piqué, ya amonestado por una tontería digna de infantil. El balón a Vela que la protege de espaldas, Chori la pide. Un toque, dos, el balón se le queda medio atrás, pero que zurdazo. 1-2, había esperanza. Al descanso, la sensación de que el Barça baila, pero la Real no desentona en el concurso. Y la segunda mitad, fue un sueño.

Desde el principio se veía que aquello era otra cosa. Parecía que los dos anteriores años se había repetido el guión, que el Barça salía confiado, perdía el respeto al rival y bajaba los brazos. Los primeros acercamientos a Valdes. La inteligencia de Vela forzando la segunda de Piqué, para mi indiscutible al buscar siempre hacer falta y nunca jugar el balón. La falta que arranca Carlos Martinez por garra a Iniesta, las subidas del de Lodosa a base de casta y coraje para que Alba no subiera, incluso un par de centros buenos. De un corner, vino la esperanza. Un balón al segunda palo, que quiere atacar Carlos Martinez, que ya había tenido un balón franco dentro del área pero que el Barça despejó. Charly cae despatarrado y el balón llega a Chori. Angula la posición, dispara de derecha, y el balón hace algo raro. En el campo, soy consciente de que el balón no lleva una trayectoria normal. Lo veo volar de manera extraña, gestos raros en Valdes y realistas, pero veo moverse la red. GOL! GOL! Instintivamente miro al línea, que corre hacia el centro del campo. GOL! GOL! Lo hemos vuelto a hacer. No se donde están los jugadores, si ha pegado en alguien del Barça o el balón lleva un motorcito para que haga esos efectos. Solo se, GOL!. Media hora por delante, la Real, había cambiado la imagen, había cambiado la inclinación del campo, el Barça veía como su campo maldito se volvía a tornar en su contra. Y llegaba el momento clave, en el que se iba a decidir si la moneda caía de cara, o caía de cruz. Y ayer, ahí, tuvimos entrenador.

Me gustaría saber cuantos entrenadores hubieran metido un tercer central, un tercer jugador defensivo o cualquier otro cambio que diera firmeza atrás al equipo. Los tres cambios de Monty ayer, fueron ofensivos. Ifran al campo, se va Chori, con ovación de gala. Pero el uruguayo se coloca a la derecha, y Vela sigue arriba. Parece clara la intención de Montanier. Vas a atacar si, peor sin balón, vas a ser el mejor refuerzo de Carlos Martinez. El segundo cambio, da oxígeno al centro del campo. La batalla iba a estar en el centro. No dejar que Xavi Iniesta y Busquets pensaran, no tiraran ese pase de 40 metros al pie que deja uno contra uno a Messi. Pardo dio ese respiro al centro del campo, retiró a un Xabi que ayer no estuvo al nivel del Bernabeu, pero sostuvo al equipo a base de lucha entrega y fuerza. A los 5 minutos de entrar, estaba justificado ese cambio. Un cambio de juego de 50 metros al pie de Ifran, arrancó a Carlos Martinez por derecha, pero también una ovación de la grada. Lo mejor estaba al llegar. Corner tras corner, Montanier lo vio claro. A por el partido. Puso su cuello sobre la mesa, sentó a un frenético, inconmensurable, trabajador Vela, y metió a Imanol de “9”. El mensaje al equipo era claro. Los tenemos contra las cuerdas, queremos los 3 puntos. Era el 90′ y el cuarto árbitro levantó la tablilla. 2′. Pitada en la grada, 2 minutos eran pocos para los 5 cambios y la expulsión de Piqué. A los 30 segundos de esos dos minutos, dos minutos parecían demasiado. Un saque de banda, un balón que se lleva Carlos Martinez, todavía no sabe nadie como, un centro con la izquierda a la espalda de los centrales, y un txuri urdin tirándose al suelo. Es lo único que recuerdo. Después, tenía sobre mi cabeza a Juan. Después, estaba en medio de un abrazo entre padre e hijo. Después, miraba hacia arriba en busca de la locura de la gente, de las bufandas al viento, de las lágrimas en las caras de gente de 50 años, en la emoción de una señora de 80 que no creía lo que veía. Después, solo estaba la emoción, y el silbido del árbitro marcando el final. 3-2, remontada, y los 3 puntos en Anoeta.

Salíamos del estadio afónicos, las piernas temblaban y el autobús del Barça esperaba a los derrotados debajo de la puerta 5. Yo, bajaba las escaleras, con la bufanda adornando el cuello y la camiseta de la Real orgullosamente cayendo sobre mi. Acababa de vivir algo histórico. Acabábamos de ganar al mejor equipo del Mundo. Los mensajes se solapaban. “Esto es la hostia” “Estoy llorando de emoción” “Que grandes somos” “Por días como los de hoy, merece la pena ser de la Real” “Charly selección”… Innumerables.

Parece decir mucho, pero la tarde de ayer tendrá un hueco en mi memoria. La he colocado ahí, junto al 5-0 al Athletic, el 4-2 al Madrid, el ascenso, el día del subcampeonato, el estreno de Champions, la rabia soltada en el gol de Aranburu al Zaragoza el primer año del retorno, las lágrimas del penalty de Savio, y el 8-1 al Albacete. La tarde de ayer, es para la historia. Un homenaje a aquella Real a la que se privó de su primera Liga tras perder un partido en Sevilla, y que dejó en 38 los partidos sin haber perdido. Ayer la Real, los homenajeó. Recordó a todos aquellos jugadores, que siguen siendo grandes. Puso a la Real en un hueco en la historia que demuestra, que fuimos, somos y seremos grandes. Ayer la Real prendió la mecha de la fiesta de San Sebastian, que veía a su pueblo llorar de alegría, y el no quiso ser menos, y llenó la fiesta de lluvia, lluvia bendita sin duda. Ayer la Real demostró a sus aficionados, carácter, valentía, garra, esperanza, coraje, y sobre todo, cariño.

Soy uno de los 30.000 afortunados que ayer pudieron ver esa maravilla en directo, y guardarla en su retina. Los demás, se quedarán con la alegría desde bares, restaurantes o casas, más lejos o más cerca, pero cada uno de los que ayer, lloró, saltó, gritó o se volvió loco con el gol de Imanol Agirretxe, es partícipe y responsable de la felicidad que embargó ayer a todos los realzales.

Esta semana se ha demostrado que Armstrong era mentira, el Barça también lo era, por lo menos el imbatible

Sed buenos, o parecedlo

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Publicado el 20 enero 2013 en Real, Siempre subjetivo. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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