Un día diferente

Acostumbrados os tengo a mis fieles lectores (calculo que seréis aproximadamente un número indeterminado entre 1 y 3) a leer una crónica diferente, más cercana y totalmente amateur de lo que ha sido el fin de semana para la Real Sociedad, o a comentar alguno de los temas más relacionados con la actualidad del equipo txuri urdin. Este lunes, aprovechando que el partido del sábado lo resume mejor que nadie el 0-0 que se veía en el marcador del Nuevo Los Cármenes a los 93 minutos de juego, usare este pequeño espacio de la red para compartir, una experiencia que sin duda será inolvidable para las 20 personas que lo vivimos, pero sobre todo, y en lo que a mi respecta a las dos personas que a mi me atañen, esto es, mi padre y yo mismo.

Hacía cosa de casi un mes que mediante un e-mail de promoción de Canal + me llegó la oportunidad de concursar en un concurso, valga la redundancia, que te hacía optar a 10 invitaciones dobles para conocer a la Real Sociedad por dentro. El premio, una visita al Museo 100 inaugurado el año 2009 del Centenario, un tour por Anoeta y sus interioridades y una visita a las instalaciones deportivas de Zubieta, con una pequeña actividad física sobre el cesped y un posterior coctel. La curiosidad me picó, y me llevó cosas del destino que dice mi padre, a pinchar sobre el enlace y descubrir que la manera de conseguir el premio, era la mía. “¿Qué sientes cuando ves ganar a la Real Sociedad?” La respuesta, debía ir en un pequeño párrafo. No soy yo de pensar y escribir, sino más de pensar mientras tecleo, así, que le di al teclado.

“La sensación única que te recorre el cuerpo cuando subes las escaleras que te separan la plaza de Anoeta de tu puerta de entrada que nos invade todos los domingos. Acordarme, de como mi padre cuando con todavía 4 años recién cumplidos, ya me llevaba al viejo Atocha, y saber, pese a casi no recordar, que fui parte de la historia de ese estadio. Acordarte de eso es lo que te hace entre otras cosas, olvidarte del mal tiempo, frío lluvia nieve o viento, y saber que no puedes faltar a la cita con ese asiento reservado en el coliseo realista. Una vez dentro, colocarte siempre en el mismo lugar, llevar siempre esa camiseta txuri urdin, y ver, que los de tu alrededor también son los de siempre. Al son de ese himno que atrona la megafonía del estadio y que te hace revivir recuerdos pasados, entre palmas ver salir a tus 11 jugadores. Esas 11 personas que te representan a ti, a tus colores, a tus sentimientos. Siempre me ha parecido que ser de un club grande es fácil, por eso, cada gol que se corea en Anoeta, cada vez que se siente la victoria, cada vez que arranca la marcha de San Sebastian desde las gradas, sabes que puede llegar a ser un momento inolvidable. Saber, que has estado allí, has sido participe de esos tres puntos, ver como el silbato del árbitro pone fin al partido y los jugadores alzan los brazos y se juntan en el centro del campo para agradecerte el apoyo, el estar siempre ahí, donde te corresponde. Victorias, y derrotas, pero sobre todo las primeras, que te hacen sentir la ilusión de cuando todavía tenías 4 años y pasabas por debajo de las vías del tren, para ir a un estadio que olía a cesped mojado y bocadillo, junto al que sigue siendo responsable, partícipe directo y primera persona a la que abrazas, cuando ves que los 3 puntos, se han quedado en casa.”

No es que me fuera sencillo recuperar el texto, pero una vez pasado todo el trámite, ha vuelto a mis manos. Hace 15 días, una llamada por teléfono y un “enhorabuena” que implicaba, que el jueves pasado, a las 4 de la tarde, mi padre y yo viviéramos 4 horas y media especiales y distintas.

La cita fue en el estadio, en el museo. Quizá no hable demasiado bien de mi el decir, que en 3 años todavía no había estado en el museo. Quizá como suele decir mi padre, tenía que ser así, para que la primera vez fuera en un momento especial como ese. No tenemos copas suficientes como para llenar muchas vitrinas, así que el museo es cercano y emotivo.

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Objetos de época, botas y balones que marcaron una historia, camisetas antiguas que te imaginas llenas de agua en días lluviosos y te hacen sentir orgulloso de la gente que peleaba bajo ellas. Yo, solo he vivido 24 de los 103 años de historia de la Real, pero para mi, es como si hubiera vivido los otros 79. Las imágenes de Gijón son como si las hubiera visto por mi mismo, incluso las de Atocha en la segunda Liga, o las de la final de la Copa del ’87. Son mías propias, otras de mayor o menor importancia, como el partido inaugural del Madrid en Anoeta el 13 de Agosto del ’93, acompañado por mis dos abuelos en un arranque de desacato de mi padre. Las del 5-0 al Athletic, las del subcampeonato con Tayfun en lo alto de una piña, las de la Champions, las de Savio fallando ese penalty, y la de Xabi Prieto trasformándolo casi 3 años después en la misma portería. Recuerdos que están ahi, que he vivido y que no he vivido, y que te hacen sentir más de cerca estos segundos.

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Cosas simples como las botas con las que Xabi metió aquel penalty están allí, no solo para que te sientas orgulloso de ello, sino para que nunca olvides quien fuiste, a donde llegaste y lo que te espera. El primer detalle curioso de la tarde llegó al notar la falta de un balón. Un detalle insignificante a priori de no ser por la historia contada. Faltan dos objetos de valor en el museo. El primero, la camiseta con la que Zamora metió aquel ya famoso gol de la historia de la Real. El grito de GOL más alto y fuerte que se ha escuchado jamás, perdió la camiseta de su protagonista, extraviada en el viaje de Gijón a Donosti, y nunca más se supo de ella. Dicen las malas lenguas, que algún amigo de Juanito, jugador madridista, la robó para dársela y después quemarla. El segundo objeto, sin duda alguna una de las cosas más lamentables que he visto jamás. El balón de la segunda Liga, el partido que se jugó en Atotxa, que la Real gana al Athletic, y que su portero, el famoso Andoni Zubizarreta, sacó del estadio bajo el brazo sin que nadie le dijera nada. Hoy, ese balón, propiedad de Zubi, no está en el museo, aunque estuvo cedido amablemente por su dueño los dos primeros años. Son detalles, pero son detalles feos de un club como el Athletic, que no tiene ningún cariño sobre ese objeto y que no ejerce la presión que debiera, así como la Real para que ese balón esté donde le corresponde.

A la salida del museo, el estadio, que ya conocía. Unas Navidades mi padre me llevó a visitarlo haciendo un Tour parecido al que hicimos el pasado jueves. Pasillos interiores donde hay carteles conmemorativos de todo lo que ha acontecido en el estadio. Conciertos, reuniones, partidos de Rugby…. Pasillos que te llevan a la sala de prensa, donde Montanier se sienta cada 15 días. Una sala de prensa correcta, modesta pero suficiente para un estadio así, junto a la zona mixta, plagada de fotos y carteles de los que antes han sido protagonistas sobre el cesped.

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De ahí, al santuario. Ha ese lugar en donde a los 28.000 que abarrotan las gradas de Anoeta nos encantaría estar. Ese vestuario, ese banco donde se cambian los protagonistas de los domingos, donde el mister da el último aliento a los jugadores, donde se concentran, conjuran y deciden irse a por la victoria. Un vestuario modesto, sin jacuzzis, sin demasiados lujos, pero correcto. El segundo detalle de la jornada, llegó junto con la visión de mi padre de un pequeño objeto encima de las taquillas del vestuario. Al no poder acercarnos, la pregunta al guía fue la solución. “Es la virgen de Aránzazu, lleva ahí desde que Montanier llegó a la Real, y ahí seguirá mientras esté el francés”. Parece que la conjura a la virgen, no es del todo efectiva, pero no tentamos a la suerte y la dejamos donde estaba.DSC03526

La salida del vestuario, da a un pasillo, bajo la pista de atletismo que te conduce a la boca de salida de vestuarios. En el pasillo, todo tipo de fotografías de los partidos importantes de la Real, para meter más si cabe en el partido a los jugadores. Fotos de la construcción del estadio, de los partidos que se jugaron en Champions en la 2003-2004, derbys, partidos de UEFA… adornan unas paredes azules cuando el equipo está a punto de saltar al verde. Al final de todo, la bajada, como en los estadios antiguos, antes de la subida. Y justo ahí, al lado de la salida, el último mural, ese que en algún video se ha visto ya, ese en el que se plasma y resumen todo el ser txuri urdin, desde el campeonato, al subcampeonato, a la temporada del descenso, todo, en uno.

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Una vez fuera, esos 32.500 asientos azules que te rodean. No es un campo de fútbol, es un estadio, pero solo el haber mamado la Real desde pequeño, vestir la camiseta azul y blanca un domingo soleado, y salir por ese boca al estadio, mirar al rededor y ver miles de personas que te jalean, tiene que dar la fuerza suficiente para que nadie te gane ahí. Solo cuando estás ahí abajo y te imaginas eso lleno, te das cuenta de cuan importante puede resultar el factor cancha, el jugar en tu estadio. Al fondo, Etxarri concedía una entrevista a ETB, nosotros a lo nuestro, fotos a la grada, al palco al que posteriormente subimos y donde acabamos la visita, y pisar el cesped. Con cuidado, pero poder decir que has estado sobre el cesped de tu estadio, de tu campo, que has sentido esa hierba bajo los pies. En el centro de la banda, tus colores.

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Bajando hacia el parking del estadio, salimos al exterior por Puerta 0, esa que ve entrar a jugadores de uno y otro equipo los días de partido. Fuera, esperando, el autobús para llevarnos a Zubieta, a la cuna de todo esto, al crecimiento, sentir y objeto de deseo de todo realista. No un autobús cualquiera, sino ese que lleva a los jugadores de un lado para otro. Otra de las anécdotas que quedan del día es, la salida del recinto de Anoeta. La plaza, tiene en un lado un colegio, en el que algunos chavales coincidieron que estaban en el recreo y que al ver salir al autobús, agitaban los brazos saludando a los que posiblemente creyeran que eran jugadores de la Real. En el interior sin embargo, 30 personas que no tenían nada que ver con el equipo y que a la vez, tenían todo que ver. El autobús, daban ganas de decir al chofer “directos a Granada”. Nunca más sentiré lástima de los jugadores que se pasan hora y media, dos o tres horas en el autobús. Asientos de cuero, reclinables, espacio más que suficiente para estirar las piernas y hasta una pequeña mesa para las cartas.

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A la llegada a Zubieta, nos esperaban dos cámaras como si realmente fueramos más importantes de lo que éramos. Destino, Z7, donde las inclemencias del tiempo, no permitieron que la actividad deportiva estipulada y preparada, fuera todo lo intensa que nos hubiera gustado. Por lo menos, tuvimos oportunidad más que suficiente para coger docena y media de balones, y chutar unos cuantos tiros y centros hacia portería, para notar un balón profesional en un campo profesional. Después, la visita de las instalaciones que resultó quizá lo más pesado, aunque interesante de la visita. Primero, el edificio Gorabide, colocado a la entrada del recinto y donde los equipos infantil, cadete, juvenil y femenino tienen sus instalaciones. Gimnasio, piscina, aulas de estudio y aprendizaje, así como salas médicas y de masaje junto con los despachos de “los de arriba” como bien nos comentaron. La explicación de la “filosofía Zubieta” de como cada uno de los entrenamientos está determinado por la dirección deportiva, de como hay que cumplir los mínimos de participación en las categorías inferiores, la labor de los educadores, preparadores físicos y entrenadores, la disciplina o incluso el régimen alimenticio de los chavales. Las instalaciones, totalmente nuevas, daban la impresión de ser útiles y cómodas.

Dejamos Gorabide, sin lugar a dudas un nombre bien elegido para un edificio que mira, tanto de manera literal a través de su ventana, como de mentalidad y objetibo al antiguo Z1 ahora llamado Jose Luis Orbegozo, para llegar al edificio Gainditu, sede del primer y segundo equipo.

La entrada se vio retrasada por la presencia de una televisión que estaba entrevistando al mister. Las bromas de “ahora es cuando hay que gritar ese de “Montanier dimisión” o incluso algún tímido grito de “Pardo tiene que jugar más” fueron la antesala a subir hasta el piso más alto del edificio donde 800 metros cuadrados de cesped artificial, daban visión perfecta al Z1. Las explicaciones del guía continuaban, hasta que se vieron interrumpidas por la llegada de Montanier, Troin, Elustondo, Markel y Cadamuro. Luis Arconada, que tuvo la decencia de presentarse sin dar su apellido y como jefe de prensa de la Real, nos acompañó a hacernos una foto oficial todos juntos, y nos liberó del guía para que nos sacáramos fotos, y preguntásemos a los entrenadores y jugadores, dudas y curiosidades.

Cadamuro muy suyo, no se despegaba del móvil, Elustondo con cara de pocos amigos y los franceses un poco descolocados, fue el momento para que Markel cogiera la batuta y se saltara la visita oficial para llevarnos por donde él quiso. La primera parada, fueron las habitaciones y zona común de la plantilla. 25 habitaciones en principio para el primer equipo, con camas dobles para descansar en días de doble sesión o previas a un viaje muy por la mañana. Una especie de sala común con algún sofá y una televisión justo encima del gimnasio y el vestuario.

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En el pasillo de acceso al Z1, fotos para que a nadie se le olvide a que club pertenecen. Imágenes de jugadores históricos y que marcaron una época dentro de la Real, decorado como no puede ser de otra manera con los colores azul y blanco. El vestuario del día a día de la Real, más acogedor. Quedó claro que la visita al alma mater realista no estaba prevista, visto el aspecto que tenía el vestuario. No sucio, no limpio, simplemente, quedaba claro que estaba preparado para que al día siguiente fuera usado, y no preparado para la foto o la visita. Un vestuario de madera, taquillas personalizadas con el nombre de cada uno, y los enseres personales de cada uno en el interior. Markel, siguió haciendo de maestro de ceremonias explicándonos cosas del vestuario, de las reuniones y de lo cómodo y nuevo que estaba todo, comparando con como estaba antes. “Txelete” que sería el mote que posteriormente nos enteramos mi padre y yo que tenía, no se fijó en algo que si llamó la atención de algún que otro curioso, y que Luis no dejó que fotografiásemos. la lista de sanciones de la Real, donde venían estipulados los cánones a pagar por los jugadores por diferentes faltas como “falta de asistencia o retraso a un entrenamiento o concentración”, “amarilla o roja por protestar”, “hablar por el móvil en reuniones o comidas” o la más curiosa para mi, que era “fallar un penalty”.

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Hicimos el camino de vuelta para volver a subir a la zona principal de Gainditu, donde los camareros y cocineros de “Bokado” nos deleitaron con un lujoso coctel mientras charlamos amigablemente con los jugadores de la Real y entrenadores allí presentes, donde Markel confirmó por segunda vez, ser el más abierto y disponible de los presentes, el más “normal” en resumen. El fin de fiesta llegaba y la responsable de Canal + acercó 10 bolsas de la tienda oficial de la Real con 20 camisetas dentro, cada una con un destinatario claro. Los jugadores, se dedicaron a firmar camisetas en los últimos minutos, antes de despedirse y hacer nosotros lo propio. Yo, que la camiseta la quiero para vestir, y no para colgar, no quise que nadie me la firmase, y la sorpresa llegó al ver, que la talla adjudicada a mi persona era una “M”. Habrá que agradecer formalmente a Canal + que me vea tan buena figura.

El camino de vuelta a Anoeta, lo hicimos una vez más en el autobús del equipo, del que ya para entonces habíamos olvidado las comodidades, y volvimos a disfrutar. La bajada del mismo, y la posterior salida de Anoeta, se hicieron dentro de lo que cabe duras, sabiendo que posiblemente una experiencia así es única en la vida.

Este fue un jueves diferente en mi vida, un jueves repleto de detalles bonitos, imágenes emotivas y encuentros inesperados, que desde luego, tardaré en olvidar. Privilegiado me siento, y casi responsable de traducirlo en palabras para que los que lean sepan, que estas cosas también se hacen, y que sin lugar a dudas, ayuda a acercar a aficionador y jugadores, que al fin y al cabo, corren todos los días para ti.

Sin lugar a duda, me pensaré un par de veces el criticar a Markel la próxima vez que de un pase malo.

Sed buenos, o parecedlo.

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Publicado el 17 diciembre 2012 en La vida es algo más, Real, Siempre subjetivo. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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