Dos de cal y una de arena

Era una semana para dar un golpe en la mesa. Y como no podía ser de otra manera, la Real la ha aprovechado para hacer de las suyas.

Y es que 3 partidos en 8 días, pueden sonar  a una sobrecarga sustancial sobre los jugadores, pero no podemos olvidar, que equipos mucho menos poderosos como la Real, por lo menos sobre el papel, como el Levante, lo llevan haciendo toda la temporada.

La ristra de partidos comenzó el lunes pasado con el ya comentado y analizado partido contra el rayito. Tras la exhibición del equipo, 3 días de descanso y entrenamiento antes de jugar contra Osasuna. Como bien resumió Mikel Rekalde en uno de sus tweets semanales, la Liga es una competición de 19 equipos que quieren ganar a la Real, y Osasuna, está entre ellos.

Era un viernes extraño. El cuerpo me pedía Anoeta, el corazón me pedía Anoeta, pero mi cabeza, me pedía Ordizia. La cercanía del derby contra el Tolosa y la posibilidad de entrenar solo una vez a la semana, hacían casi indispensable que acudiera a entrenar. Cedí los galones a mi madre, cuyas visitas a Anoeta han solido ser fructíferas durante largos años. La última vez, una victoria agónica conmigo, mordiéndome las uñas hasta dejar los dedos en muñones, de vuelta de Barakaldo con la medalla de Campeón de Euskadi colgada al cuello, y dos auriculares conectados directamente a mi corazón txuri urdin.

Nada más llegar al vestuario, miré el móvil y comprobé con asombro, mis temores. Pardo al banco. Duchándome casi vestido, salí como si fuera Vettle bajo la nube de estrellas para volar hacia casa. 23 minutos de partido me perdí, los suficientes para que me llegaran noticias de la pasividad realista y el concienciamiento de un señor de negro, dispuesto a hacer la noche imposible a los donostiarras. La 5º de Illarra me dejaba los visos claros de lo que pasaría este martes, y mis pensamientos no me defraudarían.

Un partido plano, soso y aburrido de una Real que venía de dar un recital ante el Rayo, y que no pudo con Osasuna. Un partido en el que sin lugar a duda, lo más destacado fue la extraña sensación que tuve, al ver Anoeta desde la pequeña pantalla.

Casi sin descanso, llegó el martes. La clarividencia de que al no poder Illarra jugar el sábado, saldría de inicio. La clarividencia de visto la pasividad del juego realista del viernes, que jugaría Pardo. Las dudas de los jugadores de delante, y la seguridad en 3 de atrás. Eñaut, Estrada y Cote. La confirmación, allá por las 19.00 cuando salía, maletín en mano, zamarra al viento y camiseta anudada al cuello, camino a Anoeta. Las lluvias, el tráfico y un conductor de autobús demasiado pasivo, me privaron de ver los primeros 8 minutos de juego.

Es de las pocas veces en mi vida que llego tarde a Anoeta. No suelo ser impuntual, y menos ante la Real. Pedí disculpas como quien las pide al llegar tarde a misa, y me senté. Miré hacia atrás y confirmé otra sospecha. La noche no mejoraba, el ya famoso “calvo cabrón” se erguía en su asiento junto a uno de sus hijos, para hacerme la noche más insoportable aun si cabe.

La Real salió al campo para mi en el minuto 8, y desde ahí hasta el 45, vi una Real asentada, que tenía claro que necesitaba 3 goles y no 2 para pasar la eliminatoria. Enfrente, un Córdoba dispuesto a que 89 de los 90 minutos transcurrieran con un jugador suyo lesionado, en el suelo o esperando a que el recogepelotas le diera un segundo balón, ya que el primero no le gustaba.

Sorprendía, si es que a estas alturas te puede sorprender algo de Montanier, que los dos mejores jugadores de los pasados partidos junto con Pardo e Illarra, estuvieran sentados bajo una manta en el banquillo. Ni Vela ni Ifrán. Aun y con todo eso, la Real no era nada combinativa. Zuru todavía no está en su plenitud, Griezmann se ha acostumbrado demasiado a jugar de interior, y Agirretxe necesita que le jueguen por arriba para tener opciones. Chori, intentaba de las suyas ante un lateral que casi parte la pierna al de Rochefort, y la defensa, parecía tener clara la consigna de que hacía atrás, hacia Eñaut, los balones justos.

Sobre ese tapete se jugaba el partido, cuando la Real comenzó a reaccionar. Aprovechó su juego vertical para llevar el peligro hacia la meta del ibartarra Mikel Saizar, bajo palos ayer, con su familia en la grada, y volviendo a un estadio que le vio sentarse en el banquillo en lás de una ocasión. Amigo de la familia y siempre atento con lo que se le ha pedido, lució bastante en su retorno a su casa. Nada pudo hacer sin embargo ante la clarísima ocasión de gol de Griezmann. Un Pardo que demuestra cada día, que debe jugar 95 de los 90 minutos que tiene un partido de fútbol, dio un pase magistral para dejar al de Macon solo ante el portero, pese a su situación ilegal de fuera de juego. El francés, no falló su ocasión y puso el primero en el marcador. Su gol menos celebrado posiblemente, ya que había prisa.

Llegó el tiempo de bocata y coca cola para los 16.800 valientes que se acercaron a Anoeta, entre dudas e ilusiones. Las dudas, las de siempre. Los 25 años que lleva la Real haciendo el ridículo en la competición monárquica. Las ilusiones, las de haber visto a la Real bailar al Rayo, y que podía hacer lo mismo bajo la lluvia contra el Córdoba, rival que por otro lado, nunca se nos dio demasiado bien los 3 años del infierno.

En la segunda parte sin embargo, las dudas llegaron demasiado pronto. La primera, un cambio de Xabi Prieto por Zurutuza, renqueante, a los 5 minutos de la reanudación. Estaba claro, conociendo las costumbres de Montanier, que se había vuelto locl. El juego estaba más equilibrado, y las llegadas cercanas al área de Eñaut eran más asiduas. Un balón perdido por el de Rincón de Soto, hacía a Zubikarai lucirse y mandar el balón a corner. Tampoco iba a ser un partido perfecto, ya que como el resto del equipo, nunca da dos de arena seguidas. Así, un balón en largo que tenía pinta de quedarse en medio campo, le dio para salir a 45 metros de su portería a intentar despejar. Una vez visto su error, lejos de rectificar y volver sobre sus pasos, se fue derecho a por el contrario, teniendo la suerte de que Mikel Gonzalez le ayudara a no hacer el ridículo.

La jugaba desembocó en una falta lateral. Un jugador cordobés, se colocó en el punto de penalti, alzando el brazo, marcando claramente donde quería el balón. Sin embargo, el contrario se quedó quieto, Mikel Gonzalez chocó con él, y el gol entró en la portería. El claro fuera de juego, no por tocar el balón pero si por interferir en la jugada, se le debió de escapar a Ayza, igual que se le escapó el primero de la Real.

Todavía quedaban minutos por jugarse, y el resultado no sería de 1-1, pero el partido acabó ahí. La Real, se precipitaba verticalmente, perdía la cabeza, el toque, y bajaba los brazos en defensa. La grada, volvía a pedir, y son demasiadas veces, la cabeza de un entrenador, que no ha hecho más que proseguir con la nefasta trayectoria realista en Copa, y que nos tiene a 8 puntos en 6 partidos, de igualar la mejor marca de una primera vuelta desde el retorno de la Real a Primera. No es gran cosa, no seré yo quien vuelva a perdonar al entrenador. Pero sin que sea el único culpable, es el máximo responsable de no hacerles sentir a los jugadores, la camiseta que llevan puesta. Un 2-0 en campo ajeno en Copa, es difícil de remontar, pero sin motivación alguna, es imposible. Convencido estoy que 11 personas del público ayer, hubieran bajado gustosamente a dejarse el alma en cada balón, en cada jugada, en cada carrera. Y eso, unido a la calidad de los jugadores realistas, debería dar a este equipo, algo más de vitalidad.

Quizá se rescindió a Lasarte demasiado pronto. Un entrenador, que supo conectar con Anoeta, pero que su falta de actividad en Zubieta, y su nefasta trayectoria fuera de casa, condenaron hasta el despido. Quizá sea Kodro la mejor opción. La de un ex jugador que sabe lo que es darlo todo por esa elástica. Quizá fuera Toshack, alguien que conecte tanto con la afición como con los jugadores. Lo que está claro es que la Real, sigue necesitando alguien que equilibre tan solo dos cosas. Poner a los once con más calidad en el césped, y saber llegar a ellos para que entiendan, lo que significa vestir esa camiseta.

Hasta que eso llegue, no cambiaremos nuestro tumbo. Ganaremos un partido y empezará a oírse la palabra UEFA en las esquinas. Perderemos un partido, y UEFA cambiará por banda. Porque ayer, entre otras cosas, era el día idóneo para esos que digo yo siempre, que se suben a los barcos, dan palos a diestro y siniestro, y el siguiente partido que clavamos 3, hablan de UEFA. Esos, como el “calvo cabrón”.

Mientras, los de siembre, los que nos quedamos hasta el minuto 93, los que aplaudimos, los que nunca pitamos, los que no juzgamos, los que animamos, seguiremos sufriendo con un equipo que llevamos en el corazón, que nos hace sufrir, pero que también nos da, de vez en cuando, una sonrisa los lunes por la mañana.

Seguiremos siempre siendo, de este equipo, del que gana 4-0 y después pierde 5-1. Del que le meten 6 en Mallorca y luego gana al 3º de Liga. Del que le meten 5 en el Bernabeu y se revela clavando 4 al Rayo. De ese equipo que siempre nos da, dos de cal, y una de arena.

Sed buenos, o parecedlo

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Publicado el 28 noviembre 2012 en Real, Siempre subjetivo. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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