Havana 5

He tenido un poco abandonado esto debido a mis obligaciones, pero tenía ganas de escribir y explayarme sobre esto:

Eran las 4.30 am en mi reloj, ya con la hora corregida este pasado “ya” domingo. En mi mente, dormirme lo antes posible, olvidarme del bochornoso espectáculo sufrido en el Bernabeu y poner el despertador a las 10 para ver, lo que a la postre sería, una nueva exhibición de si no el mejor, uno de los mejores pilotos de la historia de la F1. Antes, y desde hacia 13 horas, no había parado. A las 14.25 más o menos salíamos mi padre y yo con una sonrisa de oreja a oreja con dos entradas de palco para el Bernabeu, y un hueco en el maletero para traernos algún punto. 4 horas y media de viaje sirvieron para que a las 7 de la tarde y aparcados en Madrid, paseáramos Castellana arriba hasta el monumental estadio. Una vez dentro, el lujo pertinente de un palco de tribuna, con sus pinchos, su temperatura perfecta, y su más que correcto ambiente donostiarra.

Al otro lado del cristal sin embargo, 15 hombres hacían un ridículo bastante importante. Uno de los peores partidos que le recuerdo a la Real. Un partido en el que los 11 de inicio, los 3 cambios y el del traje, no dieron una. Una defensa de 5 demasiado en línea, un centro del campo que perdió balones como yo no recordaba que se pudieran perder. Dos extremos abiertos, sin encarar y a pierna cambiada, y arriba una isla, que las dos que tuvo no las aprovechó.

Los 90 minutos pasaron con más pena que gloria, pero no es el tema que nos ocupa. Y es que, mientras mi padre y yo, así como unos cuantos más, ocupaban ese hueco del maletero con 5 goles, a cada cual más doloroso, antes de emprender viaje de vuelta, un número indeterminado entre 6 y 11 futbolistas realistas, una vez duchados y cambiados, encaminaban sus vidas a una conocida discoteca madrileña. Mientras unos cuantos guipuzcoanos se chupaban cerca de 500 kilómetros para volver a sus casas con un doloroso 5-1 en el bolsillo, hubo jugadores que se fueron de fiesta por Madrid. Analicemos.

Bien es verdad que tanto Montanier como Aranburu salieron ayer a dar las pertinentes excusas, porque son lo que son, excusas, para encubrir y quitar hierro al asunto. Montanier reitera una y otra vez, que los dos días de permiso se los da al equipo para que se olvide de los tres nefastos partidos y vuelvan con ganas el martes. Primer error. Esos dos días de vacaciones estaban planificados de antemano. ¿Como se puede esto demostrar? Porque Gorka Elustondo, el de Goierri que ya nos tiene acostumbrados a cosas como estas y sino que le pregunten a Castillo, viajó sospechosamente a Madrid con el equipo. ¿Para que, si estaba sancionado? Está claro, que para unirse, y ser el cabecilla de la fiesta nocturna, para que si no.  “Hombres como Griezmann han asegurado en su Twitter personal que han estado pasando dos días con la familia”, he oido por ahí. Hombre, solo faltaba que hiciera público que se fueron de juerga. “Joder, ¿es que tu no sales de fiesta después de un día malo? Es que mis actos no acarrean el bienestar o malestar de toda una afición como la de la Real. Es que yo tengo algo más de vergüenza como para que después de un 5-1, salir de fiesta por Madrid…

Es LAMENTABLE. Es lamentable que Aranburu salga en rueda de prensa diciendo que todo esto depende del cristal con que se mire, ya que se puede tomar como una cuadrilla de amigos que decide pasar un rato juntos después de un mal día. Ya. Pero es que esto, tiene truco. Y es que después de una de las noches en las que más se emborronó la historia txuri urdin, centenaria ya, también hubo fiesta para ahogar las penas. Hablo, por si alguien no lo ha asociado todavía, al lamentable espectáculo ofrecido en el partido de vuelta de Copa en el que dejamos escapar un 2-0 de casa y un 0-1 momentáneo en la isla para perder 6-1. Si, esa noche también hubo “salida de amigos a tomar una caña” como dijo ayer Montanier.

Yo no digo que tuvieran que irse cada uno a una habitación del hotel, castigados sin cenar como si fueran niños de dos años, pero si que esperaría, que aun y teniendo esos dos días de permiso, en los que estoy de acuerdo que uno es libre de hacer lo que quiera si el entrenador le da permiso, hubiera un poco de vergüenza para consigo mismos, y hubieran cancelado ese plan. Lo que jode, no es que salgan, porque si alguien cree que los jugadores después de jugar, y ganar, o perder o empatar en Anoeta, no se dan una vuelta por alguna discoteca de Donosti, es que vive en otro Mundo. Lo que jode, es que lo hagan despúes de dar una imagen lamentable, y como si la cosa no fuera con ellos.

Yo, personalmente, me siento imbecil. Me siento imbecil cuando pongo mis ganas, mi dinero, mi sentimiento por una camiseta, por un escudo que representan unos jugadores, que se van de fiesta después de un esperpento como el del sábado. Eso, a los realistas, les duele más que un 8-0, o que un partido como el del sábado, sin futbol, sin nada, que parece un equipo de 2ºB. Porque de eso te levantas, asumes lo que tienes enfrente, tragas y sigues animando al equipo. Pero para eso, el equipo te tiene que dar un punto de apoyo. Y a mi, dificilmente se me va a olvidar que mientras decía “buenas noches” a mi padre después de más de 900 kilómetros, y 9 horas en la carretera, Carlos Vela decía “ponme un poco más de hielo, en este cubata si no te importa” Caso aparte merece el de Elustondo, que como bien decía el otro día una aférrima seguidora realista que conozco por tierras donostiarras “nunca sabremos si las lágrimas de la expulsión contra el Levante eran por la rabia del momento, o por pensar que se perdía la fiesta del sábado”.

Poca profesionalidad, poco respeto a unos colores y memoria frágil es lo que me demuestran cada vez más los futbolistas. Endiosados que se creen estar por encima de los demás, que se permiten el poder decir “no” cuando todos los demás tenemos que decir “si”. Que pueden vivir por encima de las posibilidades de casi todo el mundo con tan solo corretear por encima de la hierba dos horas al día, y eso, cuando son dos horas. Se permiten jugar con las personas que les rodean, y olvidan fácilmente lo que es para un chaval, enfundarse la elástica txuri urdin y animar a la Real. Ese sentimiento que tuvieron que tener al debutar con el equipo de su corazón. Todo eso, se olvida fácil parece ser, solo deseo dos cosas. Que tuvieran una buena resaca, y que por lo menos alguien les hiciera la bromita del “el ron… ¿Havana 5?

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Publicado el 28 marzo 2012 en Real, Siempre subjetivo. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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