Sinceridad, esa palabra

“A mi me gustan los hombres sinceros”. “La sinceridad es la base de una relación”. “Si no hay sinceridad, no puedes confiar en nadie”. “Siempre con la verdad por delante”. “Ante todo, sinceridad”.

¡Qué bien eh! ¡Qué bonito queda todo eso! ¡Joder, si encontramos una pareja que piense de esa manera, sería perfecto! El Mundo sería perfecto si todos fuéramos sinceros con todos. No habría tantos problemas, la gente se enfadaría menos, y llevaríamos una vida mucho más cómoda… ¿Verdad que sí?

¡¡Y una hostia!!

Será que no estoy en mis mejores días, pero me estoy desengañando de muchas cosas últimamente. En esta realidad en la que los programas de televisión de mayor audiencia son los que más carnaza ponen sobre la mesa, en la que todos despotricamos de todos, eso si, a la espalda, estoy convencido de que la sinceridad no es nada conveniente. Por lo menos la total sinceridad de todos. ¿Realmente os imagináis como sería un Mundo con plena sinceridad? Esa pregunta embarazosa de la novia, que te mira y te pone en el aprieto de “¿me queda bien esta camiseta?” sería el menor de nuestros problemas. Puede que esto sorprenda a la gente, que estén en desacuerdo conmigo y que piensen que la sinceridad es la base de una convivencia cívica. Pues yo estoy convencido de que no. No quiero con esto, apoyar la mentira, pero si, en muchas ocasiones, el ocultamiento de la verdad.

En ese Mundo perfecto de sinceridad, de decirse todas las cosas a la cara que sería según muchos el perfecto, imaginaos la siguiente situación: 2 de la mañana, con tu grupo de amigos tomándote un cubata en un bar cualquiera de tu pueblo, cuando la ves entrar. Ves entrar a lo que comúnmente se puede definir como un monumento a la humanidad. Esa chica, …. bueno, todos nos entendemos. ¡¡Esa chica!! Tú, que te ves con ganas, motivadete, con ese punto de valentía que te da el llevar 4 cervezas y dos gin tonics en el cuerpo, te acercas entre las risas de tus amigos, que vislumbran un patinazo de los buenos en la cercanía. Reúnes la valentía de penetrar ese círculo prácticamente impenetrable que crean los grupos de chicas a su alrededor en donde salvo que todas estén por la labor de ligar esa noche, necesitas ser como el Cid para atravesarlo, y llegas hasta ella. Le sonríes, la miras y le dices: ¿Te invito a un trago?. Ella, que sin dejar de sonreír probablemente te mire un poco de arriba abajo, en un 90% de ocasiones te dirá: No gracias, estoy con mis amigas. Analicemos:

En principio, esa respuesta no tiene ni pies ni cabeza, ya que tú no le has preguntado con quien estaba, ni si se quería venir contigo, pero eso, está implícito. Al igual que en su respuesta está implícito que no quiere que la invites a nada. ¿Por qué? Por que no está siendo sincera del todo, porque está ocultando la verdad. No te está mintiendo, es ese punto intermedio que yo defiendo que debe de ser, pero no solo en ciertos aspectos de la vida, si no continuamente. Eso, traducido a la sinceridad, vendría a ser algo así como: “Según te he visto entrar, me has puesto que me subía por las paredes y me he tenido que acercar para preguntarte si te quieres venir fuera a darnos el lote y llevarte a mi casa en cuanto te dejes”. Y la respuesta, como no, se traduciría: “Mira puto baboso, en la puta vida tendrá un tío como tu, nada que hacer conmigo. Largo de aquí.”

¿Os imagináis como sería el confesar que si, que realmente estás mirándole a las tetas a una tía?, o, ¿que ella confesara que le gusta más tu hermano que tú? Así seria esa sinceridad que gustaría tanto.

Está claro que a todos nos gustaría que en un momento puntual todos fuéramos sinceros, pero realmente, ¿alguien desea ser sincero el 100% del tiempo? Pensad en las consecuencias. Una de dos. O convertiríamos nuestro mundo en un hábitat de gente sin escrúpulos a la que le diera igual que decir, o nos convertiríamos en seres solitarios vagabundeando por la calla mirando para las esquinas sacando defectos y diciendo barbaridades a derecha e izquierda.

Por tanto, la sinceridad, como la colonia. En lugares específicos, con personas específicas y sobre todo, en momentos específicos. Ahí van dos buenas citas:

Ser sincero no es decir todo lo que se piensa, sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa.
André Maurois (1885-1967) Novelista y ensayista francés.
La sinceridad es el pasaporte de la mala educación.
Enrique Jardiel Poncela(1901-1952) Escritor español.
Sed buenos, pero no sinceros. O por lo menos que lo parezca
Anuncios

Publicado el 5 diciembre 2011 en La vida es algo más. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: